"LA ECUACIÓN DE DIRAC" - ALICIA DOMÍNGUEZ PÉREZ


‘La ecuación de Dirac’

La nueva novela de Alicia Domínguez Pérez

Una entrevista de Juana Ma. Fernández Llobera 

 Buenas tardes, Alicia.

Nos reunimos para hablar de tu magnífica novela ‘La Ecuación de Dirac’, que a mí me ha sorprendido gratamente, recomendando por ello su lectura. 

J.M.: Antes de entrar de lleno en tu novela, me gustaría que nos hablaras de ti. A los lectores les gusta saber quién está detrás de la obra. Podrías contarnos dónde naciste, en qué lugar resides ahora, a qué te has dedicado a lo largo de tu vida, qué es lo que te llevó a escribir y todo lo que consideres oportuno contar para un acercamiento a nuestros lectores.

Nací accidentalmente en Madrid, pero soy gaditana. Mi familia es gaditana, mis raíces son gaditanas y mis recuerdos desde que tengo uso de razón, están ligados a Cádiz. De hecho, yo pongo en mi biografía: «Gaditana nacida en Madrid». Por fortuna, el año pasado el Ayuntamiento de Cádiz me otorgó el título de Hija Adoptiva de la Ciudad, así ya soy gaditana por derecho. 

Durante cuarenta y un años trabajé en una entidad bancaria. No era mi vocación, de hecho, mientras trabajaba, me doctoré en Historia Moderna y Contemporánea con idea de dedicarme a la enseñanza y la investigación, pero la vida te lleva por derroteros que tú no proyectas y como tengo claro que la felicidad es una adquisición y no un regalo, siempre he tratado de buscar lo bueno de las experiencias vividas, incluso las del mundo de las finanzas. 

Yo escribo desde que me enseñaron a juntar las letras y a entender el sentido de las palabras. Escribo por necesidad, porque una vida, aunque fuera centenaria, siempre me sabrá a poco, y la escritura me da la posibilidad de vivir muchas vidas. Mi primer contacto con el mundo literario llegó con el ensayo basado en mi tesis doctoral que versaba sobre la represión franquista de la guerra y la posguerra y que se convirtió en un libro titulado ‘El verano que trajo un largo invierno’. Luego hubo un parón de casi cinco años y, superado el síndrome de la impostora —«¿Yo publicar de nuevo? ¿A alguien le va a interesar lo que escribo? ¿No hay ya mucha gente escribiendo?»—, me decidí a autopublicar mi primera novela ‘Viaje al centro de mis mujeres’, cuya segunda y tercera edición ya fue publicada en edición tradicional. Luego vino ‘Memorial a Ellas. Que su luz no se apague’, ‘Memorial a Ellas. Que su luz no se borre’, ‘La culpa la tuvo Eva’ y ‘De memoria, perdón y otros conjuros’. 


J.M.: Entremos, ahora sí, en tu novela. Prologa tu novela Juan José Téllez, escritor con una larga carrera literaria como poeta, narrador y ensayista, y renombrado periodista. ¿Cómo nació el hecho de que él prologara tu libro?

Juanjo Tellez es un periodista y escritor algecireño al que me une una amistad que me honra y que agradezco porque es una de las personas más comprometidas, humanas y solidarias que conozco y un magnífico poeta y ensayista. Nos conocemos desde los tiempos en que publiqué mi ensayo ‘El verano que trajo un largo invierno’ sobre la represión franquista, él está muy implicado con la memoria histórica. Es una persona a la que admiro y quiero. Cuando le dije que me gustaría que prologase mi nueva novela, ni se lo pensó, y mira que tiene compromisos, así de generoso es. Leer su prólogo fue una de las mayores satisfacciones que me ha dado La ecuación de Dirac.

J.M.: Juan José Téllez, en el prólogo de tu novela que titula ‘Crónica sentimental de un tiovivo’, título que proviene de una reflexión de una de las protagonistas que se llama Lucía, que en torno a su biografía, la describe como <<un tiovivo formidable, en el que girasen la vida y la muerte, el dolor y la risa, el amor y la angustia>>, expone que ‘el título de tu novela responde a la física cuántica, a partir de una fórmula enunciada en 1928 por Paul Dirac, aunque a veces se ha relacionado con los insondables mecanismos del amor’. De hecho, se la llama también ‘la ecuación del amor’. ¿Es precisamente esa relación con los insondables mecanismos del amor lo que te llevó a poner el título o de dónde parte?

Yo suelo pensar en el título antes de empezar a escribir una novela, cuando ya tengo planificado el tema, definidos los personajes y concretado el guion. Y con este título me pasó una cosa muy curiosa porque mi novela gira en torno a la idea de que seguimos llevando pegadas a la piel las experiencias que nos marcan y a las personas que nos impactan, aunque no nos hayamos vuelto a ver en la vida. Y un día zapeando, veo un documental que se titulaba La ecuación de Dirac, la ecuación más bonita de la física cuántica o algo así. La vi y me quedé impactada con la formulación que hizo Paul Dirac de esta ecuación que viene a decir que cuando dos partículas han estado en contacto alguna vez en su existencia, pasen los años que pasen y aunque medie entre ellas una gran distancia, siempre hay algo de la una en la otra. Me pareció una metáfora preciosa de lo que quería contar, así que decidí que ese era el título.

J.M.: Juan José Téllez explica en el prólogo que en tu novela hay numerosos personajes que desfilan por distintas geografías y tiempos. Nos encontramos en la misma a Dolores, personaje central de la novela y su hijo Álvaro. Hallamos a Manolo, padre de Álvaro, que es un emigrante ilegal en Nueva York, que tiene relación con Salma y con Kate, mujer de la cual continúa enamorado. Hallamos a Tommy, el italiano que le abre las puertas al sueño americano. Otros personajes importantes son Lucía y su hermano Tino, que son de la generación que heredó la culpa de sus padres. Llaman la atención los motes de algunos personajes, como por ejemplo ‘El pijota’.   ¿Decidiste que hubiera distintos escenarios porque así se entiende más la ecuación del amor a la que haces referencia en el título de la novela o cuál es la razón? 


Decidí que hubiera dos escenarios en dos tiempos distintos porque así lo requería la historia que quería contar: la de Manolo, combatiente republicano de la guerra civil, que emigró a los EE. UU. en los años cincuenta, que se sitúa en el pasado; y la de Álvaro, su hijo, y Lucía, un amor de juventud de este, cuya historia se desarrolla en el presente, dos personajes cargados con el peso de la herencia que recibieron de sus padres y de las circunstancias que les tocó vivir a otros y que los marcaron también a ellos.

J.M.: Tu novela, como se deja caer en el prólogo, encierra una reflexión sobre el destierro. ¿Qué nos puedes contar sobre ello?

Más que sobre el destierro, que para mí entraña un matiz más legal y/o emocional, yo hablo sobre el exilio forzado por las circunstancias. Como dije antes, Manolo fue republicano y, como tal, un desafecto, como se calificaba durante el franquismo a todos los que se señalaron por su oposición al golpe de estado de Franco. Eso le lleva a vivir vigilado y a sobrevivir del estraperlo, siempre en los márgenes, siempre temiendo ser encarcelado por dar un mal paso, hasta que llega la oportunidad de irse como polizón en un barco que va a Nueva York, una ciudad que conoce porque le habló de ella un combatiente de las Brigadas Internacionales con quien estuvo en el frente de Madrid. Y el exilio forzado acaba convirtiéndose en la posibilidad de materializar el ‘sueño americano’ con todo que lo que ello conlleva de bueno y de malo.

J.M.: Se trata de una novela, con banda sonora, como se expone en el prólogo, como, por ejemplo, ‘Pequeño vals vienés’, que compuso Leonard Cohen sobre los versos de Federico García Lorca. ¿Qué les puedes decir a nuestros lectores al respecto?

Álvaro, el hijo de Manolo, es pianista, un tipo que vive y al que le da vida la música, aunque en la etapa de su vida en la que se encuentra, ya no halle consuelo tampoco en esta. Por eso, me pareció que la novela adquiriría más viveza si esa música que habitaba en su cabeza se trasladase al texto. Dicho y hecho. Por las páginas de esta novela desfilan temas musicales muy distintos que van desde el Come together de Los Beatles hasta la Sonata número 2 Op. 36 de Rachmaninoff, que tanto trabajo le cuesta interpretar a Álvaro, pasando por Les larmes de Jacqueline de Offenbach, El emigranteLa Lirio Suspiros de España. Todos ellos están ligados a las vivencias de los protagonistas y creo que puede ayudar a la persona lectora a entenderlos mejor desde la música. Por ello, he creado una lista de Spotify titulada como la novela.

J.M.: Vayamos hora con la primera parte de tu novela, que titulas ‘Un sueño al alcance de la mano’. ¿Puedes contar a nuestros lectores la razón de que pusieras a esa primera parte dicho título?

Para Manolo, Nueva York representa la posibilidad de nacer de nuevo, de huir, de forjarse una vida que nunca podrá tener en la España empobrecida, vigilada y oscura de la posguerra. El sueño americano es el que lo convoca y lo hace arriesgarse. Y, efectivamente, lo tiene al alcance de la mano cuando ocurre algo inesperado, algo que puede truncar su sueño, y es el embarazo de Dolores, su mujer. Y ahí tiene que tomar una decisión. Una que comprometerá su vida e, incluso, la de la siguiente generación. Ese es el nudo gordiano de la novela.

J.M.: El primer capítulo de la primera parte lleva por título ‘¿Qué te pasa Dolores?’. Como se adelanta en el prólogo, Dolores es la madre de Álvaro, que está en el hospital y su hijo la cuida. A través de distintos tiempos y diferentes escenarios, la narrativa explora las complejidades emocionales y las remembranzas de Álvaro. A partir de ahí, desfilan: la mala conciencia; el deber familiar; la protección y la opresión; él pudo haber sido y no fue; la salud mental; los secretos íntimos; la adopción; la maternidad; el exilio y el retorno, etc. ¿Cómo nació el personaje de Álvaro? ¿Qué te llevó a escribir la novela en torno a ese personaje y del personaje central que es su madre? 


Álvaro representa la figura de los hijos que, de algún modo, cargan con la culpa de los padres, con sus decisiones, con sus secretos. Desde el comienzo del proceso de escritura, lo concebí como el otro protagonista de la novela porque en torno a él se articula la idea de que la herencia emocional que recibimos de nuestros padres puede ser una carga muy pesada, sobre todo si el peso que se arrastra es difuso, no tiene entidad, planea sobre la existencia, pero nadie lo nombra. Y la que menos, Dolores, su madre, la mujer abnegada, solícita, siempre pendiente de los demás que sabe cosas, pero no las dice: por respeto, por miedo, por amor a Manolo, y a pesar de que ello condiciona a su hijo, su bien más preciado. Así ocurre en muchas familias, que se arrastran experiencias traumáticas que se heredan de generación en generación hasta que alguien decide nombrarlas y, con ello, se inicia el camino de la reparación. 

J.M.: Me llamó mucho la atención de que Álvaro, que es pianista, compusiera el tema ‘Ojos que danzan’, pensando en los momentos en los que su ahora difunto padre volaba con la mente a la ciudad de sus sueños. ¿Cómo te vino esa idea y qué querías reflejar con ello?

Álvaro trabaja como maestro repetidor en el Teatro Real de Madrid. Su cometido es repetir una y otra vez los temas que los cantantes de ópera ensayan antes de enfrentarse a la orquesta y a la representación. Componer es una verdadera quimera para él, un acto creativo del que no se cree capaz hasta que piensa en su padre, en su aventura neoyorkina, en lo que debió vivir allí que nunca contó. Componer ‘Ojos que danzan’ le ayuda a recordar a la figura más importante de su infancia y su juventud, a un ser mágico al que idealizó sin saber muy bien por qué. 

J.M.: En el primer capítulo, nos enteramos de que Álvaro regresa porque su madre está enferma y es su tía Charo la que le llama para que vuelva porque él corazón de Dolores ya no aguanta más y le queda poco tiempo. Hacía más de un año que no la veía, pero nunca se lo reprochó. Nos enteramos en dicho capítulo que Dolores es una mujer buena, que se amolda al recipiente del mundo como si fuera agua. ¿Qué es lo que destacarías más de ese personaje para que nuestros lectores se hagan una mejor idea de cómo es?

Dolores es la mujer abnegada hasta la extenuación, la que vive por los demás, la que sostiene el hogar aún sin ser vista ni reconocida. Ella representa ese tipo de mujer que promovió la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera: la que no tenía deseos propios más allá de los de su marido y su hijo, la que anteponía el bienestar de los demás al suyo propio, la que pasaba por la vida de puntillas para no hacer ruido. Y eso marca a Álvaro sin saber que, esa mujer casi transparente, ha llevado sobre sus hombros una historia que le concierne especialmente a él y cuyo conocimiento le cambiará totalmente la perspectiva de su propia vida y la de su madre.

J.M.: Al final del capítulo uno de la primera parte, Álvaro le dice a su tía Charo que va a llamar a Lucía. La tía le contesta: ‘¡Pues adelante con los faroles que atrás vienen los cargadores! Supongo que de esa forma enlazas mejor con el siguiente capítulo que titulas ‘Tarifa’. ¿Qué nos puedes decir sobre ello? ¿Puedes hablar un poco de la relación que ella tiene con Colin para que nuestros lectores se hagan una mejor idea de cuál es la situación y de la relación que tenía con Álvaro?

Lucía es una de las cuatro voces que cuentan la historia; las otras son las de Álvaro, la de Dolores y la de Charo, la hermana de Manolo que encarna la figura de la depositaria de la historia familiar. Lucía novia de Álvaro en su juventud, un amor frustrado por las circunstancias, una mujer educada en un hogar franquista hasta la médula que, como Álvaro, hereda una historia que no le pertenece y que la ha marcado profundamente. Mujer exitosa profesionalmente, envidiada y admirada en el mundo de la abogacía y, sin embargo, una auténtica tarada emocional que busca en amores circunstanciales, como el de Colin, la plenitud que no halla en sí misma y en su deseo de ser madre, la resolución de un conflicto que la atormenta. 

J.M.: El capítulo tercero de la primera parte, lleva por título ‘Un pequeño contratiempo’. Los protagonistas de este capítulo son Dolores y Manolo, que tenían planeado irse a Nueva York, pero al final sólo Manolo se va. ¿Fue éste el comienzo de la novela? ¿Qué nos puedes decir de ello? Si no es así, ¿cuál fue el primer comienzo cuando era solo un borrador la novela y de dónde nació ese comienzo?

Yo tenía claro desde el principio que Manolo se iba a Nueva York porque este personaje está inspirado en el padre de mi marido que fue emigrante ilegal en los EE. UU. en los años cincuenta. Y desde esta premisa comencé a escribir, a inventar la historia que él nunca contó porque, realmente, volvió muy traumatizado de Nueva York, hasta el punto de no hablar de esos cinco años en los que vivió allí, en los que su vida fue otra, en los que tuvo al alcance de la mano el ‘sueño americano’, un sueño que se quebró sin que sepamos por qué. Y sobre ese silencio, sobre ese misterio, articulo yo la historia.

J.M.: ¿Qué destacarías del personaje de Manolo y de su estancia en Nueva York? ¿Qué les puedes decir a nuestros lectores sobre su relación con Kate?

Manolo es un ser magnético, un tipo con una fortaleza extraordinaria, un soñador valiente que fue capaz de dar forma a su sueño. Un hombre con una resiliencia extraordinaria: huérfano desde los trece años, lo que le obligó a buscarse la vida solo; combatiente del ejército republicano en el Frente de Madrid, atravesó los Pirineos, fue internado en el campo de concentración de Argeles Sur Mer, volvió a España, sobrevivió gracias al estraperlo, se embarcó como polizón en un barco y llegó a EE. UU. Todo eso sucedió de verdad. Yo solo le di forma a la historia conocida y rellené los huecos, muchos, que la parte desconocida tenía. Y en uno de esos huecos está Kate, una mulata con quien mantiene una relación en Nueva York que lo marcará para toda la vida.

J.M.: Me gusta el hecho de que des importancia a la muerte de Canito. ¿De dónde partió ese personaje al que muelen a palos después de sacarlo a empujones del Pay Pay por ser homosexual y estar cantando en dicho lugar?

La homosexualidad estaba duramente penada durante el franquismo. A los homosexuales se les aplicaba la Ley de Vagos y Maleantes que permitía encarcelarlos a capricho de la autoridad. Y eso le sucedió a Canito, un personaje que existió de verdad, aunque su historia no es la que cuento en la novela, pero sí que sufrió muchas vejaciones en el Cádiz franquista. Yo quería contar lo que les sucedía entonces a los que decidían vivir libremente su sexualidad, la brutalidad con la que eran tratados, el dolor que arrastraban y, a pesar de todo, la dignidad con la que se conducían por la vida y sobrellevaban una condición rechazada por la moral de la época. Y Canito me dio esa oportunidad. 

J.M.: La segunda parte de la novela se titula ‘Vuelta a empezar’. ¿Nos puedes contar la razón de ese título? 

El título responde a la vuelta de Manolo a Cádiz. No puedo contar mucho más sobre esa vuelta porque destriparía la novela. Solo te diré que esa parte es la que muestra con mayor nitidez la resiliencia de este personaje, su capacidad para reinventarse, para ser feliz a pesar de las circunstancias. Ya te digo que fue un hombre extraordinario…

J.M.: La vuelta de Manolo marca un hito en su vida. Y el reencuentro con Dolores, otro en la vida de ambos. Sin embargo, él arrastra una historia con Kate. ¿Puedes explicar a nuestros lectores las diferencias de sentimiento de Manolo por Dolores y por Kate?

Kate es una bailarina del Copacabana, una mujer libre que arrastra una infancia difícil que no la consiguió domeñar. El amor que Manolo vive con ella jamás lo vivió con nadie. Fue un amor que le obligó a replantearse sus convicciones de hombre criado en el machismo de una España atrasada y de costumbres pacatas. Por su parte, Dolores es una mujer moldeada por la tradición, por la moral franquista, la perfecta encarnación de la mujer dócil, amorosa y entregada. La una le hace sentir a Manolo un ser libre y desprejuiciado, con el temor que ello le provoca, la libertad no sale gratis; la otra le permite vivir la seguridad de un amor abnegado y solícito, un amor total hasta el fin de sus días. 

J.M.: Álvaro adora a su padre hasta el punto de que la desesperación se apodera de él cuando este muere. Tratas este tema, con todo lo que conlleva, de una forma magistral. Yo pienso que en la vida del ser humano esos momentos son de los más duros y siempre surgen sentimientos de culpabilidad por haber querido hacerlo mejor de lo que se ha hecho. ¿Qué nos puedes decir acerca de ello?

Para Álvaro la figura de Manolo es reverencial, es su ídolo, su amor, máxime cuando este muere. De ahí que lo lleve en su corazón toda la vida y, como bien dices, se pregunte continuamente qué más pudo hacer por él, qué pudo darle que no le dio. En uno de los capítulos, Álvaro dice: A veces pienso que no sé amar, que mi corazón no es lo bastante grande como para albergar amor por toda la gente que me ama. ¿Quién decide el tamaño del corazón? «Tu corazón será lo bastante grande como para bombear doscientos mil litros de amor. El tuyo, con cien mil tendrá bastante. A ti no te ha tocado más que veinticinco mil». «¿Solo veinticinco mil?». «Sí, solo eso». Suficiente para amarlo a él y a la música, pero, últimamente, siento que hasta ella me esquiva, como si me hubiera condenado a contemplarla de lejos sin poseerla jamás…  En esta confesión, se condensa el sentimiento de un hombre que piensa que, a pesar de todo, no amó suficientemente a un padre del que se confiesa devoto. Pero no siempre nuestras devociones se corresponden al cien por cien con el merecimiento de quien las inspira.

J.M.: Como ya he dado unas pinceladas sobre tu novela y no quiero desvelar nada más para que se lea, me gustaría que nos hablaras de tu próximo proyecto si es que puedes desvelarnos algo.

Estoy en una nueva novela titulada Las ausencias tenaces que se desarrolla entre Chile y España, entre la dictadura de Franco y la de Pinochet, en la que cuento la historia de un grupo de cenetistas y comunistas que trataron de reconstruir sus organizaciones tras la Segunda Guerra Mundial animados por la creencia de que las democracias occidentales les ayudarían a echar a Franco, pero como eso no ocurrió quienes tuvieron que irse fueron ellos. Es una historia sobre las segundas oportunidades, que, sin embargo, nunca borran el no haber podido disfrutar de las primeras.

J.M.: Para terminar, ¿qué añadirías a la entrevista que consideres importante y que haga que nuestros lectores tengan más ganas de leer tu novela?

La ecuación de Dirac es una novela donde se trata el peso de la herencia emocional y la capacidad redentora del amor, donde se habla de la necesidad de hablar en las familias, de contar las historias que marcaron a las generaciones anteriores para así liberar a las venideras de las cadenas de lo no dicho, lo que duele, lo que limita y hace infeliz. Y en este sentido, ¿qué familia no tiene secretos? Tal vez por ello es una buena idea adentrarse en los secretos de una ajena para poder afrontar los propios. 

 

                                                           Juana María Fernández Llobera

 

 

 


 

Comentarios