"AVISOS DEL OTRO LADO. SEÑALES Y MENSAJES DEL MÁS ALLÁ" DE ARANTZA IBARRA BASÁÑEZ


‘Avisos del otro lado. Señales y mensajes del más allá’,

de Arantza Ibarra Basáñez


Una entrevista de Juana Ma. Fernández Llobera

 

Buenas tardes, Arantza.

Me alegra volver a entrevistarte porque los temas que tratas en tus obras son muy interesantes. Este libro en concreto me ha sorprendido mucho y me han surgido muchas preguntas que deseo hacerte.

 

J.M.: En primer lugar, me gustaría que explicaras a nuestros lectores cómo nació la idea de escribir esta obra, qué fue lo que hizo que te decidieras a escribirla.


A.I.: Lo que me llevó a escribir fue, en realidad, la suma de varios impulsos. Por un lado, sentía una profunda necesidad de aportar mi pequeño granito de arena: ofrecer luz, aliento y amor para ayudar a las personas a transitar esta vida humana con mayor serenidad y calma, especialmente en los tiempos que vivimos.

 

Por otro lado, a lo largo de los años muchas personas me habían pedido que hablara sobre las señales y los mensajes que llegan desde planos invisibles: cómo reconocerlos, cómo comprenderlos y cómo aprender a recibirlos.

 

Y, finalmente, está la semilla que dio origen al libro: una serie de visiones que tuve sobre el mundo. 

Me sorprendieron profundamente y despertaron en mí el deseo de compartirlas, con la intención de que entre todos podamos reflexionar y tejer un entendimiento sobre lo que quizá estén intentando mostrarnos, para así contribuir a mejorar nuestra humanidad.

 

 

J.M.: El primer capítulo lo titulas ‘El corazón’. Hablas en él de que el cerebro y el ego gobiernan hoy la economía, la política y hasta las leyes. Por eso haces un llamamiento a que es urgente volver adentro, a conectar con nuestro interior, escuchar nuestro corazón, confiar más en lo que sentimos.  ¿Qué puedes decir acerca de ello para que nuestros lectores tengan una idea de por dónde va este capítulo y la obra en general?

 

A.I.: El libro comienza desde el corazón porque es lo que verdaderamente nos mueve como seres humanos. Es aquello que nos conecta con nuestra esencia y nos recuerda que no somos simplemente cuerpos o materia, sino seres con alma, sensibilidad y conciencia.

 

El corazón es también una metáfora de nuestro mundo interior, de la sabiduría profunda que habita en nosotros, en ese plano más sutil o energético. 

 

Desde ahí nace la capacidad de sentir al otro, comprenderlo, respetarlo y acompañarlo; la voluntad de ayudar, de sostener y de compartir la vida desde la empatía.

 

Sin embargo, hoy vivimos en un mundo muy dominado por la razón, el ego, el individualismo y el materialismo. En muchos casos, la mente se ha ido desconectando del corazón, de ese centro que nos equilibra y nos humaniza.

 

También hemos perdido, en gran medida, la conexión con la naturaleza, con nuestros ancestros y con aquello que no siempre es visible: las estrellas, la luna, el sol y los rituales que durante siglos ayudaron a las personas a comprender mejor los ciclos de la vida.

 

Esas tradiciones ofrecían caminos para entender la muerte o el momento de trascender o desencarnar, una experiencia que todos, tarde o temprano, sabemos que formará parte de nuestra existencia.

 

J.M.: El segundo capítulo lo titula ‘El trance’ y en él nos hablas de que en el trance hipnótico aunque el cuerpo se relaja mucho, se sigue consciente, pero la mente está más abierta a imaginar cosas o aceptar ideas, como si estuviera más sensible. ¿Es en este trance hipnótico cuando has tenido más ideas para tus obras tanto literarias como para tus películas? ¿Qué puedes decirnos sobre ello?

 

A.I.: Cuando una logra entrar en ese estado de trance hipnótico, la mente suele estar más abierta y receptiva a visiones o a información que puede servir de inspiración para escribir o crear nuevos mundos. 

 

Sin embargo, en mi caso, las películas, los libros, los dibujos o la música que he creado no han nacido directamente de esos momentos, sino más bien de las experiencias que he vivido y de las canalizaciones que han surgido en mí a lo largo del tiempo.

 

Este libro es la primera vez —junto con el que escribí sobre la Madre Tierra— en que he decidido incluir algunas de las visiones que han aparecido durante esos trances.

 

Las distingo del resto porque tienen un carácter que percibo como más premonitorio, especialmente en relación con lo que ocurre a nivel planetario.

 

De ahí surge el título “Avisos del otro lado”, que refleja precisamente esa sensación de recibir mensajes o señales que parecen venir desde un plano distinto y que invitan a la reflexión sobre nuestro presente y nuestro futuro.

 

J.M.: El tercer capítulo lo titulas ‘la llamada’, y en él cuentas que a comienzos de diciembre de 2024, durante un viaje que hiciste a Bruselas, tuviste un sueño lúcido que te removió profundamente. Sentiste que te guiaban hacia una misión muy concreta que era ir a Valencia para ayudar a varios espíritus que habían quedado atrapados y confundidos tras la tragedia de la DANA. Hablas de que hablaste con un amigo argentino que te ayudó en tu decisión de ir y te acompañó una amiga. También comentas que pediste ayuda a Metatrón, que para los que no lo sepan, es considerado uno de los dos únicos arcángeles que una vez fueron humanos y su transformación en un ser celestial le otorga una conexión especial con toda la humanidad, sirviendo como puente entre el cielo y la tierra. ¿Qué nos puedes contar de dicha experiencia?

 

A.I.: Cuando recibí aquel mensaje tan importante en un sueño lúcido, sentí con mucha claridad que debía ir a Valencia para intentar ayudar a esos espíritus. Aun así, era una situación que me imponía mucho respeto y me preguntaba si realmente sería capaz de hacerlo.

 

Por eso fue tan importante el apoyo de las personas que me rodeaban. Un amigo argentino, que siempre ha creído en mí, se ofreció a sostenerme y acompañarme energéticamente desde la distancia, y una amiga decidió venir conmigo para apoyarme durante el viaje. 

 

Todos necesitamos el respaldo de nuestros seres queridos en momentos así. Yo iba con la intención de centrarme en esos espíritus, pero saber que contaba con su presencia y su apoyo me daba la fuerza y la tranquilidad necesarias.

 

Por fortuna, pude percibir cómo algunos de esos espíritus, que habían quedado desorientados y atrapados en la emoción de una muerte tan repentina, lograban encontrar más calma y dirigirse hacia la luz.

 

En el libro relato con detalle todo lo que ocurrió allí. También hablo de otros espíritus que percibí después y que formaban parte de una misión colectiva, algo que me resultó profundamente sorprendente.

 

J.M.: Hay un capítulo que titulas ‘El aviso en la sombra del Arquetipo’. En él hablas de que para ti el aviso es una ruptura de lo cotidiano. Expones que es un momento en que algo se sale del guión habitual de la realidad que te obliga a parar. También dices que puede venir como una imagen, una sensación, una voz o un símbolo. ¿Qué les puedes contar a nuestros lectores sobre ello para que tengan una mejor idea de lo que tratas en este capítulo?

 

A.I.:  Este capítulo funciona como una introducción y una base necesaria para comprender el libro. 

 

En él abordo temas como las premoniciones, los avisos y las posibles visiones de futuro, entendidas no como algo fijo e inamovible, sino como escenarios que pueden transformarse según el aprendizaje y las acciones que vayamos construyendo a lo largo de nuestra vida.

 

También reflexiono sobre el futuro, el libre albedrío y las distintas posibilidades de que ciertos acontecimientos lleguen a suceder o no en función de nuestras decisiones y de nuestros actos. 

 

Cada persona posee una gran capacidad para generar cambios, y por eso considero que hoy más que nunca es importante no perder el foco en medio de tantas distracciones.

 

Cuando las personas toman conciencia y actúan de manera conjunta, pueden arrojar luz sobre realidades que permanecen ocultas. 

 

Entre ellas, cuestiones dolorosas que afectan profundamente a nuestra humanidad, como la muerte o desaparición de tantos niños, y que requieren atención, sensibilidad y compromiso colectivo.

 

J.M.: En el capítulo titulado ‘La arteria del corazón’, nos hablas de que cuando dicha arteria del corazón comience a separarse del viejo roble de Occidente, el mundo sabrá que llegan muchos cambios. Expones que será como una grieta que de pronto atraviesa todo el tronco. Luego nos cuentas que cuando la arteria del corazón se separe, cuando lo que daba vida se fracture y la sangre no sepa ya por dónde fluir, entonces sabremos que llega Tampatua, que es una herida abierta en la memoria del mundo. ¿Qué puedes explicarnos acerca de ello?

 

A.I.: Europa ocupa un lugar clave dentro de las señales que aparecen en el libro. 

 

De cómo actúe y del grado de unidad que logremos como humanidad pueden depender muchos de los acontecimientos que están por venir. 

 

Por eso he decidido narrar las visiones tal como las recibí, con la intención de que entre todos podamos reflexionar y quizá ir encajando las piezas de este gran puzle.

 

En una de esas visiones sentí que Europa —a la que percibía simbólicamente como un viejo roble— podía fragmentarse si continúa creciendo la separación entre las personas y la falta de humanidad entre unos y otros.

 

También aparece Tampatua, una ciudad que, según lo que percibí, habría existido en un mundo o en una etapa de la historia que aún no conocemos plenamente. 

 

En algún momento podría salir a la luz y aportar información muy valiosa sobre nuestros ancestros.

 

Ante todo esto, me mantengo expectante y abierta a lo que podamos ir descubriendo con el tiempo.

 

J.M.: Hay un capítulo que titulas ‘Ruinas del Sari’, en el que nos narras que otra cosa que ocurrirá con la separación de la arteria del corazón llegará desde Oriente, con una vibración profunda en las ruinas del Sari. ¿Puedes explicar un poco a nuestros lectores en qué consistirá? 

 

A.I.: Esta posibilidad aparece en el libro como un escenario hipotético: en el caso de que Europa llegara a fragmentarse.

 

Si algo así ocurriera, según las visiones que recibí, Oriente podría experimentar grandes movimientos y sacudidas.

 

Esos cambios no solo tendrían un impacto geográfico, sino que también podrían hacer emerger desde el interior de la Tierra lugares o vestigios que transformarían nuestra comprensión de la historia y de nuestros orígenes.

 

J.M.: Hablas en tu libro de ‘Los vampiros de Dniéper’ y de que cuando los hijos de Dniéper se conviertan en vampiros, esto repercutirá en el pueblo de las diásporas y en los pueblos de Perceval. ¿Qué nos puedes contar sobre ello?

 

A.I.: Aquí volvemos nuevamente a Europa, donde aparece otra señal que podría dar paso a una serie de acontecimientos importantes.

 

En esta visión se habla de una posible pérdida de humanidad o de cómo, en determinadas circunstancias, algunas personas podrían empezar a absorber o aprovecharse de la energía de los demás, especialmente en ciertas zonas del este de Europa. 

 

Si esa dinámica llegara a producirse, podría desencadenar distintos procesos y cambios.

 

Perceval, en cambio, aparece como un símbolo profundamente mágico y espiritual. 

 

Representa el surgimiento de nuevos espacios de encuentro donde las personas puedan reunirse, conectar entre sí, meditar y apoyarse mutuamente, recuperando así un sentido de comunidad y de conciencia compartida.

 

J.M.: En tu libro dedicas un apartado a ‘Los minerales’, que comentas que siempre te han cautivado profundamente. Hablas de que esos mágicos cristales y piedras parecen contener la memoria de la Tierra y la energía de la Creación misma. ¿Qué nos puedes comentar? ¿Cuál es tu mineral preferido y cuál es la razón de que lo sea?

 

A.I.: Los minerales, desde mi mirada, son energías que llegan del universo y que contienen una información muy antigua y sabia, con una vibración muy elevada. 

 

Algo parecido sucede con la música, de la que también hablo en el libro: a lo largo de la historia nos ha transmitido mensajes, enseñanzas y aprendizajes que influyen tanto a nivel colectivo como en nuestra experiencia individual.

 

Los minerales tienen la capacidad de acompañarnos, de ayudarnos a sanar, a fortalecernos o a potenciar determinados aspectos de nosotros mismos. Aprender a conectar con ellos y comprender su energía puede convertirse en una experiencia muy especial y enriquecedora.

 

Tengo muchos minerales que me gustan y guardo bastantes en una caja. Además, mis preferidos van cambiando según el momento que esté viviendo. En distintas etapas me han atraído especialmente la malaquita, el lapislázuli o el ojo de tigre, entre otros.

 

Sin embargo, hay uno que siempre percibo como el mineral por excelencia, símbolo de pureza y claridad: el diamante. Para mí representa una energía profundamente amorosa, pura y sabia. Cuando se habla de la energía diamantina, se hace referencia precisamente a una vibración muy elevada, luminosa y clara.

 

J.M.: En tu obra hablas de algunas joyas como ‘El collar de esmeraldas de la duquesa de Windsor’, ‘El colgante del Toisón de Oro’, ‘El Diamante Azul de Wittesbach-Graff’, etc. ¿Cómo te vino la idea de hablar sobre ellos? ¿Puedes explicar a nuestros lectores la razón de tu elección y decirnos cuál de todos ellos es tu preferido?

 

A.I.: El rubí, la esmeralda o el diamante no son solo joyas de gran belleza; para mí también representan energías muy particulares que, dependiendo de las manos en las que se encuentren, pueden potenciar determinadas cualidades o vibraciones. 

 

Por eso quise hablar en el libro de la importancia que estas piedras han tenido a lo largo de la historia y de cómo, de algún modo, han acompañado e influido en diferentes personajes históricos.

 

En primer lugar, muchas de las informaciones o sensaciones que describo surgieron a partir de visiones o percepciones que tuve sobre determinadas joyas y sobre lo que habían generado a su paso. 

 

Más tarde decidí investigar y documentarme para conocer por dónde habían pasado realmente esas piezas o quiénes las habían poseído. 

 

Me sorprendió comprobar cómo, en muchos casos, lo que había percibido coincidía con las historias que rodeaban a esas joyas y con las huellas que habían dejado en las vidas de quienes las portaron.

 

Es como si cada piedra fuera atravesando distintas manos y, según el alma o la intención de cada persona, su energía se manifestara de maneras diferentes.

 

Entre todas ellas, hay dos que me llaman especialmente la atención: el diamante azul y el diamante negro. El diamante azul siempre me ha transmitido una sensación muy profunda de misterio, conciencia y poder espiritual. 

 

A lo largo de la historia, los diamantes azules han estado rodeados de historias intensas, de cambios de destino y de personajes que parecían vivir transformaciones importantes mientras estaban vinculados a ellos.

 

Es una piedra que, simbólicamente, suele asociarse con una sabiduría profunda, con la claridad interior y con una energía muy elevada.

 

El diamante negro, por su parte, posee una fuerza distinta, más enigmática y transformadora, como si conectara con los aspectos más ocultos o profundos de la experiencia humana.

 

Aunque también siento una gran afinidad por la energía de los rubíes y las esmeraldas, que poseen su propia belleza y vibración, en este momento el diamante —especialmente el azul— es el que más resuena conmigo, quizá por lo que representa en términos de pureza, conciencia y evolución interior.

 

J.M.: En tu libro nos hablas de que ‘El cometa es un portador de sabiduría cósmica’.  Nos cuentas que su presencia nos advierte de que algo importante se está moviendo en el plano invisible. Expones también que nos inspira a liberar nuestras propias cargas, purificar emociones y limpiar energías.  ¿Qué nos puedes comentar al respecto?

 

A.I.: Dentro de mi proceso de despertar espiritual hubo un acontecimiento que tuvo un gran impacto en mí: el paso del cometa ISON, al que siempre hago referencia porque marcó un momento muy significativo en mi camino interior. 

 

Sentí que traía consigo una energía especial, como si despertara nuevas preguntas, intuiciones y formas de comprender la realidad.

 

En el libro también hablo de otro cometa, el 3I/ATLAS, que percibí como portador de información relacionada con lugares que aún no conocemos plenamente y con sabidurías muy antiguas que parecen permanecer ocultas o olvidadas.

 

Desde mi visión simbólica y espiritual, los cometas pueden entenderse como semillas que se siembran en los planetas. Su paso deja una huella energética que, con el tiempo, puede manifestarse en cambios, transformaciones o nuevos ciclos de conciencia.

 

Muchos de estos procesos comienzan en planos invisibles, gestándose de manera silenciosa antes de hacerse perceptibles en nuestra realidad. Con el tiempo, esa energía empieza a sentirse con más claridad, y poco a poco vamos percibiendo las transformaciones que terminan influyendo en todos nosotros.

 

J.M.: Podría hacerte muchas más preguntas, pero creo que ya se ve con lo que te he preguntado cómo es tu obra, y lo que deseo es que la lean completa. Me gustaría preguntarte si nos puedes revelar algo de tu próximo proyecto. 

 

A.I.: Actualmente estoy escribiendo poesía y también dibujando para crear un libro diferente, un proyecto que busca despertar conciencias y aportar algo positivo a quienes se acerquen a él.

 

Además, este año publicaré un nuevo libro de ficción inspirado en muchas mujeres mayores que han pasado —y siguen estando— en mi vida. 

 

A través de esta historia quiero hablar del edadismo, una realidad muy presente en nuestra sociedad. 

 

Vivimos en una época en la que la juventud parece haberse convertido en una especie de ideal absoluto, y gran parte del sistema se orienta a reforzar esa idea: desde la industria de los cosméticos hasta determinados tratamientos, terapias o estilos de vida que, de algún modo, dejan de lado a quienes ya no encajan en ese modelo.

 

Con este libro he querido rendir un homenaje a la edad y a todo lo que representa en las mujeres: la experiencia, la sabiduría, la memoria y la fortaleza que se va construyendo con los años. 

 

Es una historia que me emociona profundamente, porque en ella hay mucho de mi madre, de mi abuela y también de amigas que han marcado mi vida de distintas maneras.

 

J.M.: Para finalizar, como siempre pregunto: ¿qué añadirías a esta entrevista que consideres importante para redondearla?

 

A.I.: Me gustaría terminar con una reflexión: todo aquello que llega a materializarse en la vida primero existe como una idea, como un sentimiento o como una intuición. Nace en un plano invisible e intangible, pero profundamente real, en ese espacio interior donde se gestan las posibilidades antes de tomar forma en el mundo.

 

De algún modo, hoy seguimos viviendo algo parecido a lo que describía Platón en el mito de la caverna. Muchas veces permanecemos mirando las sombras, creyendo que son toda la realidad, sin atrevernos a dirigir la mirada hacia la luz y hacia el mundo de las ideas que siempre ha estado ahí, esperando a ser descubierto.

 

Tal vez el verdadero desafío sea precisamente ese: animarnos a salir de la caverna, abrirnos a una conciencia más amplia y recordar que la luz y el conocimiento no están tan lejos como a veces pensamos.🙏✨

 

                Juana María Fernández Llobera

 


 

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