"AHORA QUE YA NO ESTÁS" - MARGA MONTES AGUILERA


 ‘Ahora que ya no estás’ 

de Marga Montes Aguilera


Una novela con la que he disfrutado muchísimo

Una entrevista de Juana Ma. Fernández Llobera

 

Buenas tardes, Marga.

Nos reunimos para hablar de tu novela ‘Ahora que ya no estás’, que me ha parecido una novela muy bien construida con elementos que desde el primer momento te tienen en vilo. 

J.M.: En primer lugar, me gustaría que nos hablaras de ti, porque a nuestros lectores les gusta saber quién está detrás de la obra que leen. Por lo que he podido leer sobre ti, estudiaste Ciencias Químicas en la Universidad Complutense de Madrid, ciudad en la que naciste, y enseñaste Física y Química como profesora de secundaria. ¿Qué es lo que te llevó a querer escribir? ¿Dónde resides actualmente? ¿Qué nos puedes contar más para un primer contacto con las personas que leen nuestro blog?

M.M.: Buenos días, Juana María. En primer lugar, quiero agradecerte esta entrevista y, por supuesto, el tiempo que has empleado en leer mi novela. ‘Ahora que ya no estás’ es para mí como ese primer hijo al que no se le quita la vista de encima y que, cuando al fin ‘vuela solo’, nos preocupa que sea bien acogido y, a pode ser, querido.

En efecto, nací en Madrid, en el distrito de Latina, donde todavía vivo. Es un barrio de trabajadores en el que con el tiempo ha ido cambiando el aspecto de sus habitantes. Durante mi infancia los vecinos se sentaban a la puerta de sus casas en las noches de verano y convivíamos con el chabolismo y los vertederos que eran el feudo de los chamarileros. Ahora se construyen viviendas de lujo y el precio expulsa a los habitantes tradicionales. Fui de esa generación que creció jugando en la calle y me siento muy arraigada aquí. Soy una persona inquieta, me gusta viajar y experimentar y, sin embargo, a veces me sorprende, aquí sigo, no me he movido más de dos kilómetros de donde nací.

Siempre me gustaron las matemáticas y, desde muy pronto, me incliné por las asignaturas de ciencias que, además, me costaban menos esfuerzo. Conseguí llegar a la Universidad y a la Facultad de Ciencias Químicas a pesar de que no era la idea de mi padre. Estamos hablando del año 1976, y en la familia no se contemplaba la necesidad de que las chicas estudiasen y, mucho menos, una carrera como esa. Sus planes para mí eran que trabajase como secretaria, pero soy cabezota. La docencia me ha dado muchas alegrías. Reconozco que entré sin una vocación marcada, fue el primer trabajo serio que conseguí y la vocación llegó con el tiempo. Necesito cambios y, dentro de la profesión, creo que he hecho casi de todo. Incluso dejarla aparcada para aceptar un puesto en la Universidad Internacional Menendez Pelayo donde coordiné la programación de los cursos de verano en el Palacio de la Magdalena de Santander durante diez años.

La literatura, como lectora voraz, siempre ha ocupado un lugar preferente en mi vida. Ahora, que ya estoy jubilada, leer y escribir se ha convertido en mi principal actividad. También imparto clases de español a mujeres inmigrantes como voluntaria, dentro de un programa de la asociación vecinal y, por supuesto, disfruto del tiempo libre.

J.M.: Entremos de lleno en la novela ahora. ¿Cómo nació la idea de hacer la novela ‘Ahora que ya no estás’, que es tu primera novela?

M.M.: Yo he inventado historias desde siempre, pero nunca las había escrito. Fundamentalmente, porque pensaba que no sabía, que lo de escribir era cosa de escritores y que eso no se aprende, o se nace así o no hay nada que hacer. He colaborado en proyectos editoriales de libros de texto de Física y Química, pero eso es otra cosa. Cuando mi hijo creció y me vi con un poco de tiempo libre pensé en ello y decidí probar con un taller de escritura. Empecé a escribir relatos cortos, tengo una buena colección y el proyecto de intentar la publicación de algunos. El caso es que en la escritura encontré una forma única y excepcional de expresarme. Siempre digo que no me gusta escribir sobre mí misma, pero soy consciente de que en todo lo que escribo hay algo de mí y, sobre todo, es mi visión sobre el mundo.  Mis relatos siempre nacen de un pulso, algo que, en algún momento, despierta mi atención, puede ser una imagen, puede ser una idea, que sé yo, cualquier cosa, alrededor de eso los construyo. Con la novela fue lo mismo, durante una de mis estancias en Santander, observando el mar en un día revuelto y el rescate de una persona en apuros me llevó a la idea de lo que en, en principio, sería un relato. El paisaje del norte hizo el resto.

Soy muy aficionada a la novela negra, a los asesinatos, a los asesinos, a los detectives y a los juicios. Me interesa porque creo que se ocupa de una parte muy oscura del comportamiento humano en el que me gusta indagar. También da pie para entrar en el terreno de las emociones y tratar temas sociales que es lo que realmente me conmueve.

Considero que esta novela es la evolución natural en mi proceso de escritura para indagar nuevos caminos.

J.M.: La noche en que deberían celebrar la fiesta de inauguración de su casa, Silvia desaparece. A la mañana siguiente, su marido, Pablo, recibirá desolado la noticia de que el mar ha devuelto su cuerpo ahogado. Para intentar entender quién era la Silvia real, pide ayuda a su mejor amigo, Raúl, que también atesora con ella un pasado cargado de secretos y silencios. ¿Cómo se te ocurrió crear el personaje del amigo que desde un primer momento añade misterio y hace que sientas la necesidad de seguir leyendo?

M.M.: Casi todos los personajes surgen de la necesidad de explorar en el interior de las relaciones humanas. Me interesaba poner a prueba la idea de amistad y, sobre todo, de lealtad, hasta dónde llega, cuáles son los límites. Raúl, como personaje, tiene a sus espaldas gran parte de esa responsabilidad y con esa función nace. Cuando Silvia entra en la vida de los chicos rompe el equilibrio. Esto es real, sucede. Raúl tiene que elegir a quién y cómo se fiel y lo hace. Creo que un personaje valiente, a veces incómodo, pero necesario. 

J.M.: Otro de los elementos que genera misterio es el hecho de que Silvia no abre las cajas que ha llevado a la nueva casa para colocar los objetos, como si estuviera de paso. ¿Qué es lo que hizo que utilizaras ese recurso para mantener a tus lectores en vilo?

M.M.: La imagen de alguien que se muda y, sin embargo, no se decide a desembalar sus cosas me pareció muy poderosa. Es un símbolo de inestabilidad, de inseguridad, de percibir que alguien no está en el lugar definitivo. Las cajas están ahí; a los ojos del otro, en unas cajas cerradas siempre hay algo oculto. 

J.M.: Manejas muy bien el contar la historia mezclando el momento tras la muerte con los recuerdos anteriores, de una forma que se te va adentrando con facilidad la historia. ¿En qué momento decidiste que esa iba a ser la forma de narrarla? ¿Por qué elegiste esa forma y no otra?

M.M.: Mi primera decisión fue contar la historia desde el punto de vista de Pablo, única y exclusivamente. El narrador pegado a él en todo momento.  Sabía que esto me daría problemas narrativos porque obliga a todo el mundo, yo incluida, a descubrir los hechos a la misma velocidad que Pablo lo hace. Es la historia de Pablo, tal y como él la percibe. A la vez, quería que Silvia, estuviera presente, quería dar la espalda a la primera línea de la novela donde aparece muerta. Ahí entran los recuerdos, Silvia viva a través de los recuerdos de Pablo. Además, toda la estructura se tenía que adaptar a esa forma desordenada en la que todos recordamos nuestra vida, a retazos, según nos conviene. Esos recuerdos también configuran el presente porque nos arrastran a la hora de tomar decisiones. Para mí, es una imagen de la vida: un puzle de recuerdos desordenados que Pablo y el lector se ven obligados a componer.

J.M.: Años antes, después de conocerse los tres, Silvia desapareció. Pasaron doce años desde que Silvia se marchó hasta que Pablo la volvió a encontrar en otra fiesta, que fue la inauguración del Sirius, el primer bar que Raúl abrió en Madrid. Este hecho también genera misterio. Además, Silvia está muy cambiada, llevando el pelo corto y unos pendientes muy largos que enmarcaban el óvalo de su cara. Además, está muy delgada. Pablo, aparte de encontrarla diferente, encuentra que aunque aparentaba estar animada, algo en ella resultaba triste. Además, creyó ver miedo en su mirada. ¿Qué te llevó a crear esa primera desaparición y su relación a la vuelta muy estrecha con Raúl, que además incluye el que no le digan a Pablo que están conviviendo?

M.M.: Hay muchas cosas que Silvia y Raúl le ocultan a Pablo. Cada uno tiene sus motivos. Las continuas desapariciones de Silvia son fuente de conflicto para Pablo que, sin embargo, intenta actuar como si no existiese. Pablo da la espalda a los problemas, es su manera de encarar la vida. Todas esas preguntas tienen respuesta en la trama, cada cosa en su momento. Nadie puede saber el misterio que esconde Silvia antes que Pablo, solo cuando él lo sepa y lo acepte, lo sabremos nosotros. Excepto Raúl que parece saltarse las normas y ser el poseedor de una parte de la intimidad de ella que se le ocultan a Pablo y que intuimos antes de que Pablo lo haga. Hay algo más que me interesa y es el análisis de la necesidad de protección, la que se da y la que se recibe, en la pareja e, incluso, en la amistad y que, a veces, puede confundirse con una forma de posesión.

J.M.:  La parte uno de la novela se titula ‘El cadáver en la playa’ y la parte dos, tiene el título de ‘El Barrio Alto’, que es el barrio en el que Silvia había nacido y crecido, y al que Yeni, la mujer que era la empleada de hogar de Pablo, había llegado desde su país de origen, y a la que pide Pablo que le ayude a investigar el pasado de su mujer. ¿Creaste ese lugar que resulta ser el lugar en el que vivía Ladislao Zárate, que es el hombre cuyo cuerpo también encuentran en la misma playa y que resulta ser el asaltante de Silvia, con el que mantiene una pelea, para que la historia tuviera más coherencia y hubiera más enigma?

M.M.: El Barrio Alto entra para ocuparse de otra de las claves de la novela: las clases sociales y las aspiraciones de ascenso. El Barrio Alto representa el reverso de la moneda de la vida actual de Pablo. Se contraponen dos lugares que miran a la ciudad desde lo alto: Los Lirios y el Barrio Alto y que, sin embargo, encarnan realidades bien distintas. Oldache está diseñada para servir a esas dos realidades, su identidad se define para que los personajes braceen en ella y para que cada espacio acoja a sus propios delincuentes.

En el mismo nivel están las casas que habitan los personajes y que, de alguna manera, definen sus caracteres y sus miedos.

El ascenso social por el acceso a la educación es una de mis obsesiones personales, quizá por el hecho de haber sido docente. Es un principio en el que he creído firmemente y al que me niego a renunciar. Sin embargo, hay que ser realista, Pablo hace un alegato a favor que Raúl, más pegado al suelo, desmonta en parte. Nadie se puede librar de sus orígenes, pero eso no lo configura solo el lugar, también el ambiente, la familia, los amigos y, sobre todo, las oportunidades.  Sin embargo, en ‘Ahora que ya no estás’, el paisaje, la ciudad y la climatología también ejercen un influjo importante en los personajes, en sus emociones y en sus decisiones.

J.M.: La tercera parte lleva por título ‘La mariposa en la cadera’, que resulta ser el tatuaje que tenía Silvia. ¿Puedes explicar a grandes rasgos, a nuestros lectores, la razón de ese título?

M.M.: Esto es importante porque la mariposa tatuada en la cadera de Silvia funciona como una metáfora para hablar de lo que desconocemos en las personas que nos rodean, concretamente en la pareja, aunque se podría ampliar a otro tipo de relaciones. Nos pone delante lo que está a la vista y nos negamos a ver. Pero, además, es un elemento que también está relacionado con la sensualidad y que, por eso, aumenta la inseguridad de Pablo. Es a la vez lo que hace que Pablo reconozca el cadáver de su mujer y lo que le pone en guardia sobre lo que desconoce de ella. ¿por qué se hizo el tatuaje? ¿Qué era para ella?, esas son las preguntas cuyas respuestas buscaremos a partir de ahora.

J.M.: La sargento Medina es la encargada del caso junto al teniente Cortés. ¿Creaste a esos personajes desde el primer momento o primero creaste la historia en función de Silvia, Pablo y Raúl, para luego añadirlos a ellos?

M.M.: La sargento Medina nace a la vez que ellos; es un personaje imprescindible y el guiño más importante al género. Desde el momento en que aparece el cadáver de Silvia (en la primera línea de la novela) la presencia de la sargento se impone. El teniente Cortés es solo un adorno, incluye ambiente y su papel es de mero acompañamiento. La sargento Medina lleva la investigación y ahí está de nuevo el tema de la realidad, de lo que sabemos y no de las personas que nos rodean. Esa realidad no deja de ser una interpretación. En eso, Pablo no es un narrador fiable. Partimos de la premisa de que Pablo y Elena Medina tienen un mismo objetivo de búsqueda: la verdad. Sin embargo, ¿persiguen lo mismo? Pablo no es un narrador fiable, intenta construir un relato de la vida de Silvia que sea coherente con el suyo propio, mientras que Medina aporta las pruebas, lo que es incuestionable, es la encargada desvelar los hechos, de ponerlos delante de Pablo y obligarle a mirarlos de frente. Todo eso no puede suceder sin que ejerza sobre él una poderosa atracción. Elena Medina es ‘algo a lo que agarrarse’, un punto de estabilidad frente a la incertidumbre.

J.M.: El hombre que se ahogó junto a Silvia eran amigos desde niños. Él era un delincuente que había estado en la cárcel varías veces. Siendo menor, un juez lo mandó a un reformatorio por acuchillar a un hombre con una navaja y dejarlo herido. El caso es que ese hombre era el padrastro de Silvia. Aquí introduces ese hecho que genera la necesidad imperiosa de seguir leyendo. ¿Cómo nació esa idea y cómo se desarrolló para introducirla en la historia?

M.M.: Casi puedo decir que es el germen de la historia. Toda la trama está a su servicio. Como decía casi al principio de esta entrevista, tanto cuando escribo relatos cortos como en el caso de esta novela, la primera idea surge de una primera emoción que, por alguna razón, me impacta. Eso requiere un proceso de transformación en el que yo misma tengo que averiguar la razón de ese interés y cuando lo tengo, cuando sé de qué quiero hablar exactamente, entonces, trabajo en ese paso, en la evolución desde el mundo abstracto de la idea al concreto que es la historia. Por eso, aunque solo de una forma difusa en cuanto a estructura, lo que sí sé es cuál va a ser el final. La historia es un vehículo para llegar ahí. A veces, ese primer pálpito no llega a ninguna parte y, claro, no hay historia. En el caso de ‘Ahora que ya no estás’, el objetivo estuvo claro desde el primer momento y con él nacieron estos personajes, en cuyas manos recae mucha responsabilidad de la trama, aunque no son los únicos, también Concepción Ramírez, la madre de Pablo, Tina o Federico tienen mucho que decir aquí.

J.M.: Bueno, creo que ya he dado bastantes pistas a los lectores sobre la novela. No quiero seguir dando más información porque de lo que se trata es de vivir los distintos momentos a medida que se lee y desvelar los secretos, los misterios que van surgiendo. ¿Podrías hablarnos, sin embargo, de si tienes algún proyecto en mente o en marcha?

M.M.. Sí, siempre hay algo en marcha. He empezado una nueva novela. El inicio es complejo, hay que tomar muchas decisiones sobre la trama y los personajes, pero también sobre la forma en que cómo se va a contar la historia: elegir un narrador, una estructura…, en fin, los cimientos. Es posible que tenga que hacer varias pruebas antes de tomar carrerilla. Mientras tanto, he tenido algunas ideas que se han materializado en relatos cortos y los he escrito. A veces, si veo que se me atasca una idea, hago eso, dejo descansar el proyecto y me dedico a otro. Creo que mi peor manía al escribir es que necesito un primer párrafo o capítulo perfecto para seguir adelante. Sé que eso solo me hace perder tiempo, porque después lo volveré a corregir y puede que cambie por completo, pero no puedo evitarlo. Soy una correctora compulsa, consecuencia, creo, de mi profesión como profesora.

J.M.: Para terminar, ¿qué añadirías a la entrevista que consideres importante?

M.M.: Quiero felicitarte por la labor de este blog en la difusión de la cultura y agradecer el interés que has mostrado al leer mi novela y acercarte a los autores noveles, como es mi caso. Generalmente, en un mundo saturado de información, tenemos muy difícil el acceso a cualquier medio. También reconocer a editores como AlRevés que apuestan por nuevas voces y asumen riesgos para brindar oportunidades que las grandes corporaciones no ofrecen.

 Me gustaría muy brevemente hablar de mi experiencia con la escritura, una actividad tardía, que me proporciona tantos momentos gratos. Por supuesto, para escribir es imprescindible leer y luego, lanzarse, olvidar la idea de que es una actividad para otros. Habitualmente participo en el taller literario Escuela de Imaginadores que dirige Juan Jacinto Muñoz-Rengel que hace que cada tarde de los martes sea un momento especial. Así que, eso, escribir o componer música o pintar o bailar, cualquier actividad por la que podamos expresarnos debería ser obligatoria para la educación. Después, cada uno elige.

Muchas gracias, de nuevo y contad conmigo para lo que queráis.

                                                                Juana María Fernández Llobera

Fundación Guillem Cifre de Colonya Caixa Pollença 
apoya las actividades del Centro Intercultural Hipatia


 


 

Comentarios