LA "COMPREHENSIÓN" (II Y ÚLTIMO) - MIQUEL PALOU-BOSCH


HIPATIA C.I.

Sección Literaria

Texto: M.Palou-Bosch

Imagen: Imagen: EL POZO DE LA SABIDURÍA de Gloria Quiroga Pastor, 2012, Santuario de Cura, Randa (Mallorca)

 

LA "COMPREHENSION" (II y último)


Nota: El presente relato resultó Finalista en el XIII Premio de la Fundación UNIR, Zaragoza, 2025. Título original: COMPRENSIÓN. LA COMPREHENSION es una versión adaptada para la sección literaria del Centro Intercultural Hipatia.

Pero tampoco ha ayudado la planificación de las políticas de educación y enseñanza, subsumidas en un pensamiento único que conlleva un pragmatismo generalizado de la vida, en la que la trascendencia de las cosas, la reflexión sobre ellas, sobre sus procesos y consecuencias, el conocimiento de las filosofías, del arte, de la poesía, y hasta de ciertas teologías, convierte al ser humano y a sus propias comunidades en bloques de entidades sin personalidad propia, incluyendo a cada individuo en una masa dirigida por una cúpula “leader”, guía, sin que cada miembro tenga la capacidad, si no tiene influencias, de proponer sus ideas.

                La necesaria acción intergeneracional podrá tener planificaciones, programas y proyectos, pero lo necesario es tener una moralidad, un sistema configurado con conceptos como la probidad, el sentido de la igualdad y de la comprensión, la tolerancia, el respeto a otras etnias, linajes, culturas; en definitiva, un comportamiento fraternal entre todas las criaturas humanas del orbe, un reparto de las riquezas, un sentido de la prudencia y discreción por las partes más favorecidas, cuyos excedentes se desaprovechan o despilfarran, lo que perjudica a la propia salud mental (y espiritual, si cabe) de estos mismos entes pudientes, bien sean individuos, grupos, organizaciones cívicas, partidos políticos, empresas o instituciones públicas; de tal manera que el sentido de la cultura, de la vida auténtica, del significado del ser humano y de su historia, y la propia naturaleza, se desmoronan ante una estructura moral inexistente para hacer frente al “yo” enfermo (lleno de desconfianza y hostilidad).

                Hay que comprender el sentimiento de la pobreza, su concepto comparado, su concepto material, los motivos y consecuencias de la penuria, de la miseria, de la escasez, del sufrimiento y de la necesidad para ponerse al lado de los marginados, sean indigentes, sean inmigrantes, sean desahuciados, sean desempleados, sean ancianos solitarios, sean jóvenes con incapacidades para afrontar las exigencias del sistema social.

                Gandhi (Mahatma) dijo que “todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres” (https://eacnur.org/). También es conocida la frase de John F. Kennedy: “Si una sociedad libre no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos” (https://eacnur.org/). Y Martin Luther King exhortó: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, [a dominar la naturaleza], pero no hemos aprendido el arte de vivir juntos como hermanos” (https://eacnur.org/).

                Han pasado ya 2000 años desde que aquel “Ungido” empezó sus arengas, sus explicaciones sobre la pobreza, la enfermedad y el sufrimiento. Han pasado veinte siglos desde que alguien puso en entredicho el orden de la civilización, su manera de actuar, de adorar las guerras, del delirio de la violencia, de la repugnancia hacia el menesteroso, el mendigo, el desgraciado, el desamparado, el infortunado, el carente, el falto… Ha pasado mucho tiempo, y el mundo, no obstante, sigue su ritmo, como caballo desbocado, como león herido, hacia un abismo desconocido: guerras y conflictos, aversión a los consensos, a los pactos, a los acuerdos… Han pasado ya muchas épocas, algunas parecieron estremecer ciertas regiones del mundo, en especial Europa después de la segunda gran guerra. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, atemorizado el viejo continente, quiso revisar lo que ya en 1789 la Asamblea Nacional francesa había aprobado. Se necesitaba de una nueva Declaración Universal de los Derechos Humanos, para que nadie se excediera, para instar a todos los países a reconocer en sus cartas magnas el articulado de la Resolución 217 A (III) aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (1945) un frío mes parisino de diciembre de 1948. Allí se reunieron socialistas, cristianos, comunistas y de otras religiones y tendencias políticas para pactar lo que a partir de aquel momento serían las directrices para un mundo más equilibrado, honesto, justo, ideal.

                El 10 de diciembre de 2025 se cumplirán 77 años de aquellos acuerdos de conciliación, de armonía, de amistad, de unión, de concordia. Quizás, este próximo 10 de diciembre, 14 días antes de Nochebuena, el día considerado como jornada de encuentro entre familiares, amigos, instituciones y organizaciones, se pueda revisar la situación del mundo, la efectividad de aquella ya vieja Declaración, el sentimiento auténtico de lo pactado, la interiorización moral del articulado de la gran Asamblea.

                Albert Camus (La Peste), dijo algo así como que “el ser humano es capaz de realizar grandes monumentos; pero, si no es capaz de un gran sentimiento, no me interesa en absoluto”. El mundo necesita de un gran nuevo sentimiento o recordar los buenos que ya pertenecen a la historia. De lo contrario, el materialismo, la fijación en tener y poseer cosas, nos aliena a un mundo lejos de la sensibilidad y delicadeza por la vida, por el reconocimiento de las estaciones, de sus colores y de sus formas, de sus olores y sonidos, por la fauna que surge o se esconde, por la flora que nace o se adormece; la dependencia exclusivamente de los bienes materiales, de los objetos, de lo palpable nos convierte en seres indiferentes, fríos, inconmovibles, incapaces de comprender las desdichas humanas. La huida de la naturaleza, de la belleza y del misterio de la natura, nos aleja de nuestros propios coterráneos.

Abril 2026 (versión para Hipatia C.I.)

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