LA “COMPREHENSION” (I)
Texto: M. Palou-Bosch
Imagen: EL DESTINO INASIBLE (MPB, 2015, Algaida, Mallorca)
Nota: El presente relato ha resultado Finalista del XIII Premio Fundación UNIR, Zaragoza, 2025. Título original: COMPRENSIÓN
Se cree que Gabriel García Márquez dijo una vez que la “vejez no era más que un pacto con la soledad”, o algo así. También se encuentra un proverbio hindú que observa que la “vejez comienza cuando los recuerdos se hacen más presentes que las esperanzas en el futuro”, o algo así. Otro adagio refiere que la “juventud es para aprender, mientras que la vejez es para entender” (Marie von Ebner Eschenbach), o algo así. Y Cicerón, parece ser, creía que el viejo no podía hacer lo que sí el joven; sin embargo, lo que hacía aquél lo hacía mejor que éste. O algo así.
La comparación entre jóvenes y viejos siempre ha sido cuestión de especulaciones. Las generaciones nunca cuadran del todo, sobre todo en los tiempos actuales en los que las velocidades de los cambios resultan desbocadas, trepidantes, violentas, presurosas, desenfrenadas…
Pero, en definitiva, los veinte años se suelen oponer a los setenta. Sin embargo, siempre hay juventud sensible que es capaz de discernir entre la bondad, la serenidad, la sabiduría o el desencanto, la desilusión, el desengaño o la crítica destructiva del anciano.
Algunos puntos de vista de la sociología laboral, especialmente germana, han enviado para que se reconozca el saber y el buen hacer de trabajadores, empleados y profesionales a partir de sus cincuenta años, observando que son puestos que deben estar para organizar, aleccionar, formar e informar a los obreros, operarios, técnicos, productores, artesanos de las nuevas generaciones; y no desaprovechar a los veteranos en sus viejos o antiguos puestos. En este sentido, hay economías que prefieren contratar jóvenes, recién salidos de sus escuelas, para puestos de dirección, en vez de dar estos puestos a los ya expertos. Efectivamente, la razón está en que a los jóvenes pueden retribuirles de manera más barata que a los expertos. Naturalmente, este tipo de enfoque económico provoca, o tiene un gran riesgo a ello, desorganización, cuestión que conllevará a defectos en la producción, bien sea del servicio o del bien. La desorganización, tanto afectará a las relaciones humanas como a las cuestiones técnicas del trabajo. Así, la calidad del producto disminuirá y perjudicará al mantenimiento de la clientela.
Pero también se ha producido, en nuestra civilización industrial y de consumo, un desarreglo generacional entre padres e hijos. Las formas de vivir, las ilusiones, esperanzas o necesidades gregarias del joven a permanecer en un grupo determinado de amistades, las reglas del grupo, aficiones y actividades de ocio (actualmente, en general, muy glorificadas), que conllevan a santificar toda actividad evasiva, desertando de todo pensamiento favorable al trabajo, hace que la juventud no consiga del todo ir madurando su pensamiento, su estructura moral, su esquema de principios, de conceptos de referencia que puedan servirle para la práctica, para el afrontamiento de su futurible.
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