EDICIÓN DE LIBROS: DE LA PLUMA A LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL


EDITORIAL

Agosto 2026

Imagen: Biblioteca digital de Galicia, 2017, autor desconocido (1550, imprenta francesa) (identificador ARK btv1b8539706t/f64.item)

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EDICIÓN DE LIBROS: de la pluma a la inteligencia artificial


El profesor Gabriel Ensenyat (Universitat Illes Balears, UIB), en su artículo “Llibres de ploma i d’estampa” [libros de pluma y de imprenta] publicado en el diario Ultima Hora (Palma, Mallorca, 26/03/2026), hace referencia a la evolución de la edición librera. Según el académico, cuando nació la imprenta, los primeros incunables posibilitaron que más gente se acercara a la lectura, ya que la edición a mano resultaba lenta y tardaba en llegar a las manos del lector. Aunque no fue la sustitución inmediata, puesto que, desde mediados del siglo XV (Maguncia, Renania-Palatinado), en que J. Gutenberg inventa el aparato y los tipos móviles, “[…] las dos formas coexistieron durante mucho tiempo”, según el experto. No estamos, pues, ante un cambio radical en la producción de obras escritas. De esta forma, lo que ocurriría es que los libros escritos a mano subieron de precio respecto a los que se producían en los talleres, pues se consideraban de más calidad aquéllos que éstos. Además, determinadas particularidades, como dibujos y letras en colores, no podían al principio ser imitados por la fórmula gutenberguiana (circa. 1450). En consecuencia, se notaba una diferencia en la calidad de los textos. De hecho, en la actualidad aún quedamos (a los que nos gustan los libros) asombrados por la belleza y delicadeza de la edición medieval (y aun a los manuscritos posteriores al incunable).

                Ensenyat, en este sentido, nos plantea las reacciones ante los cambios, en cuanto a la forma de producir los libros (sobre todo, pensando también en la era digital). Por ejemplo, el duque de Urbino (Federico da Montefeltro, 1422-1482), mercenario y mecenas, a la vez, renegaba de la producción con sello o estampa, y “no quiso tener ningún libro impreso en su biblioteca” (Ensenyat). Por otra parte, Diego de Valera (1412-1488), escritor de renombre y prolífico cronista, historiador, tratadista, literato e incluso traductor, aceptó de buen grado, desde el principio, el nuevo invento.

                La historia nos revela que después de los primeros libros impresos (incunables, 1450-1500) en Europa, sucedieron los incunables xilográficos (1415-1420 a 1500), con un máximo de 100 páginas. Luego vinieron los post-incunables, clasificados entre 1501 y 1520. Posteriormente vino la imprenta moderna. Las cosas han ido evolucionando y ahora tenemos ya libros electrónicos (antes de ello, recordar que las imprentas se modificaron con robots incorporados en sus máquinas).

                Nosotros, ciertamente, seguimos siendo unos románticos del papel, aunque, como se observa y resulta evidente, utilizamos los medios digitales para producir nuestra publicación. Es cierto que sin los nuevos recursos técnicos esta revista no sería posible. Pero también creemos que, sin la prudencia y cautela en cualquier invento, los riegos de deshumanización pueden ser posibles. Por tanto, debe sostenerse también que cualquier invento, sobre todo aplicado a las artes, debe tener cierta sensibilidad y delicadeza; sin ellas, tal vez el arte desaparezca y todo invento resulte inútil.

R.B.HIPATIA INTERCULTURAL


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