AULA CAFETERA - POR MIQUEL PALOU-BOSCH


REVISTA DIGITAL HIPATIA (Centro Intercultural Hipatia, E.S.A.L.)

OPINIÓN --Columna: El Espía Social

Texto: M. Palou-Bosch

Imágenes: El café Alhambra (antes café Lírico) en Palma de Mallorca, diseñado por el arquitecto Gaspar Bennazar Moner (1869-1933) construido entre 1900 y 1902. Su propietario fue Juan Pensabene. 66 años después sería demolido, y olvidada su belleza modernista. (Foto: https://es.pinterest.com/pin/267612402836464196/)

Fuentes:

(1)    Miquel Ferrà i Martorell, “Tertulias de café”, 08/06/2026, ULTIMA HORA, Palma, Mallorca.


AULA CAFETERA


                Dice Ferrà Martorell, en su crónica diaria del rotativo mallorquín (1), que en 1904 el conocido Miquel de Unamuno (29-09-1864/31-12-1936), intelectual reputado, escribía lo siguiente:

                He dicho alguna vez, con escándalo de ciertos pedantes, que la verdadera universidad popular española han sido el café y la plaza pública. Los usureros de la investigación y avaros de ella suelen quejarse del ingenio que se ha derrochado, en España entera, en peñas de casino o de café, en tertulias [o] en accidentales reuniones de amigos.

                Tal vez habría que revisar esta cuestión, pues cierta aristocracia académica hace años se nota en algunas universidades. Se elaboran tesis y teorías, ensayos y similares con poca imaginación y novedad. Se trata, muchas veces, de poner nombres nuevos a conceptos antiguos ya conocidos, dando a entender que se ha descubierto algo, cuando en el fondo no es más que un plagio de planteamientos e ideas de hace no más de 200 años (algunos van más lejos, no obstante). Otras tesis, nuevas de cabo a rabo, no son más que esperpentos que conforman un conjunto de defectos teóricos, muy a tono para el sistema alienante de un continuo y agresivo control social.

                A pesar de ello, unos pocos afortunadamente publican sus artículos y ensayos con la seriedad unamuniana, porque no se encierran en los despachos de sus Facultades, y se animan a salir para ver el mundo tal cómo es.

                Aquel principio de siglo XX, nos dice Ferrà (1), el paseo de Es Born y la calle Unió, de la capital mallorquina, eran espacios repletos de cafés, y en cada uno de ellos, entre vinos y mocas, entre anises y expresos se disertaba sobre la política, el trabajo, la filosofía y la sociedad, aquella sociedad española tan ya trastocada, cuyos mandatarios gastaban los pocos dineros de las arcas públicas en mantener firmemente las colonias.

                Pero para Unamuno, para don Miguel, tal como le llamaban muchos, aquellas tertulias, de cuyos nombres nadie se acordaría más tarde, habrían “enriquecido la tradición oral y las leyendas corrientes” (1); porque también de leyendas y quimeras, epopeyas y mitos necesitan vivir la mujer y el hombre.

El Espía Social

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