"NOTAS DE VIDA" DE ARANTZA IBARRA BASÁÑEZ


‘Notas de vida’ 

la nueva obra de  Arantza Ibarra Basáñez


Un compendio de temas importantes en una sola novela.

El poder de la música en el ser humano.

 

Una entrevista de Juana Ma. Fernández Llobera

Buenos días, Arantza.

Nos reunimos hoy para hablar de tu nueva obra titulada ‘Notas de vida’, que narra la historia de Lorea que tiene 69 años y está a punto de ofrecer su primer concierto de piano, que no es un sueño tardío sino un homenaje a las mujeres que la han sostenido toda su vida. A lo largo de la novela, iremos conociendo a dichas mujeres y sabiendo algunas cosas de lo acontecido en su vida a lo largo del tiempo. 

Como en entrevistas anteriores, que pueden leer también en nuestro blog, ya te pregunté sobre ti, voy a pasar a preguntarte algunas cosas sobre tu nueva obra que ha salido recientemente. 

J.M.: ¿Cómo nació la idea de escribir la historia de la vida de Lorea enfocándola a hacer un homenaje a las mujeres que la han apoyado a lo largo de su vida? 


A.I.: La verdad es que llevaba tiempo queriendo escribir algo que reflexionara sobre el edadismo que estamos viviendo. Tengo la sensación de que hemos construido una cultura obsesionada con la juventud, hasta el punto de que cada vez se idealizan más rasgos asociados a edades muy tempranas y se presenta el envejecimiento como algo que hay que combatir o esconder.

Además, me preocupa que muchas veces se valore más a las personas cuanto más cerca están de determinados cánones de juventud, belleza o complacencia. Como si la experiencia, la autonomía, el criterio propio o la complejidad que dan los años resultaran menos cómodos para una sociedad que prefiere lo rápido, lo superficial y lo fácilmente consumible.

Las mujeres somos quienes más sufrimos esta presión. La edad a la que una mujer empieza a sentirse cuestionada o invisibilizada parece adelantarse cada vez más, mientras se nos transmite la idea de que debemos permanecer eternamente jóvenes.

Con Notas de Vida quería cuestionar esa mirada y reivindicar a mujeres mayores que siguen siendo protagonistas de sus propias historias. Mujeres con talento, deseo, creatividad, contradicciones y sueños. También es un homenaje a tantas mujeres que me han inspirado a lo largo de mi vida y que merecen seguir ocupando un lugar visible en nuestra cultura y en nuestros relatos.

J.M.: Lorea desde pequeña se enamoró de la música y ese mundo se convirtió en su refugio. El solfeo, el coral, la armonía, el piano, la composición… han sido sus compañeros de vida, que le enseñaron a escuchar, a tener paciencia y a sentir con profundidad. ¿Para ti también es igual de importante dicho mundo y por esa razón la has plasmado a través del personaje de Lorea?

A.I.: Exactamente. La música ha sido muy importante en mi vida y, de alguna manera, también ha sido un refugio. Mi formación musical me ha ayudado a desarrollar una sensibilidad más profunda y a conectar con una parte de mí misma que va más allá de la razón. Es un lenguaje que me permite comunicarme con mi alma, con mi esencia, y por eso ocupa un lugar tan importante tanto en mi vida como en esta novela.

Siempre he sentido que la música nos invita a un diálogo más íntimo y emocional, uno que no necesita explicaciones ni lógica. En un mundo lleno de ruido, de prisas y de mensajes que constantemente intentan decirnos cómo debemos ser o sentir, la música conserva una libertad extraordinaria.

Lorea comparte esa forma de entenderla. Para ella, la música es un espacio de verdad, de libertad y de expresión. A través de cada pieza que interpreta en su concierto, no solo homenajea a las mujeres que han marcado su vida, sino que también se reencuentra consigo misma. Cada nota le permite recordar, agradecer, sanar y reivindicar su lugar en el mundo.

De algún modo, mientras toca, Lorea intenta hacer lo mismo que hacemos muchas personas a través del arte: sentirse viva, plena y conectada con aquello que realmente es, más allá de las expectativas o de los límites que otros quieran imponerle.

J.M.: En el capítulo que titulas ‘El Amor’, expresas que, desde joven, Lorea se dio cuenta de que su corazón no tenía límites claros. Así como le atraían los chicos, sentía algo especial por las chicas. A lo largo de la novela muestras esa bisexualidad de ella. También expones que la educación de la época de Lorea empujaba a las mujeres a no desear más de lo permitido. ¿Crees que ha cambiado bastante esa cuestión o aún crees que sigue habiendo un freno para las mujeres al respecto?

A.I.: Creo que, afortunadamente, se ha avanzado mucho, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Hoy existe una mayor libertad para expresar la orientación sexual y una diversidad más visible que hace unas décadas era impensable para muchas personas.

Sin embargo, también percibo una realidad más compleja. Mientras avanzamos en derechos y visibilidad, estamos viendo cómo resurgen discursos muy conservadores que creíamos superados. En algunos ámbitos vuelve a cuestionarse la diversidad afectiva y sexual, y eso se traduce en agresiones, discriminación e insultos hacia el colectivo LGBTIQA+.

Por eso considero que no podemos dar nada por sentado. Los derechos conquistados no son irreversibles y es importante seguir defendiendo espacios donde cada persona pueda vivir su identidad y sus afectos con libertad.

En el caso de Lorea, además, me interesaba mostrar una realidad que ha permanecido muchas veces invisible. Las mujeres de su generación crecieron en una época en la que no solo existían límites sociales muy estrictos, sino también una enorme presión para ocultar determinados deseos o aspectos de su identidad. Aunque hoy hemos avanzado, todavía queda camino por recorrer para que nadie sienta que debe esconder quién es o a quién ama.

J.M.: Lorea conoce a Iñaki cuando comenzó en el instituto. Por primera vez sintió que podía abrir su mundo sin miedo, que había alguien dispuesto a entrar en él sin juzgarlo. Lorea estudia Magisterio en Bilbao e Iñaki se fue a Vitoria, al INEF, porque le apasionaba el deporte y quería dedicarse a ello. Cuentas que cada reencuentro era un universo. Se casaron al terminar la carrera y se compran un piso en Bilbao. Cada uno se dedica a lo que le gusta. Lorea comprende que el amor verdadero no tiene por qué restar libertad, que puede ser también un espacio de crecimiento, de apoyo mutuo y de escucha profunda. ¿Piensas que las mujeres ofrecen más el apoyo que los hombres y se les exige más en la relación? ¿Crees que cuando se cansan de dar tanto y lo exponen es la causa de que la relación se rompa?¿Es la bisexualidad de Lorea algo que a la larga influye en su relación de pareja por el miedo de él?

A.I.: Creo que intervienen varios factores. Por un lado, las personas no somos idénticas biológicamente y existe una gran diversidad de realidades corporales, hormonales y sexuales que pueden influir en la forma de experimentar determinadas emociones o relaciones. Sin embargo, también creo que el peso de la educación y de los roles culturales ha sido enorme durante generaciones.

A las mujeres se les ha enseñado tradicionalmente a cuidar, sostener emocionalmente y priorizar las necesidades de los demás, mientras que a muchos hombres no se les ha exigido desarrollar esas mismas habilidades con la misma intensidad. Por eso, todavía hoy muchas mujeres sienten que cargan con gran parte del peso emocional, familiar y doméstico.

Afortunadamente, las cosas están cambiando y cada vez vemos relaciones más equilibradas. Pero cuando una persona lleva años sintiéndose poco escuchada o sosteniendo más de lo que puede, llega un momento en que necesita poner límites y replantearse la relación. No creo que las rupturas se produzcan porque las mujeres expresen lo que sienten, sino porque durante demasiado tiempo no han podido hacerlo o no han sido escuchadas.

Lorea pertenece a esa clase de mujeres que admiro profundamente: mujeres que, a pesar de los miedos y las dificultades, deciden ser fieles a sí mismas y no renuncian a quienes son para satisfacer las expectativas ajenas.

Respecto a su bisexualidad, sí creo que añade una capa más de complejidad a sus relaciones. La bisexualidad sigue estando rodeada de muchos prejuicios y malentendidos, tanto dentro como fuera del propio colectivo LGBTIQA+. En el caso de Lorea, ella vive su orientación con naturalidad y seguridad, pero eso no significa que las personas de su entorno lo hagan de la misma manera. En su matrimonio con Iñaki aparecen dudas, inseguridades y temores que tienen más que ver con los prejuicios y los miedos de él que con la realidad de ella. Esa tensión forma parte de los conflictos que atraviesa la pareja y de las dificultades que ambos deben afrontar.

J.M.: Lorea tiene un gran deseo de ser madre. Tiene con Iñaki tres hijas: la mayor que se llama Nagore y las gemelas, que se llaman Maite y Eider. No les viene de nuevo el tener gemelas, ya que Iñaki tiene un hermano gemelo llamado Asier. No heredan de ella la pasión por la música pero sí el amor por el deporte. Nagore se decanta por el atletismo, aunque luego lo deja para estudiar medicina, mientras que Maite y Eider optan por el baloncesto, aunque luego ambas eligen estudiar informática. Nagore tiene dos hijas con Borja, que son Jude y Maddi, mientras que de parte de las gemelas están Laura, Aroa y Lide (estas últimas también gemelas). Todas ellas cuando van a ver a su abuela acaban sumergiéndose en el móvil. Lorea les habla, les cuenta anécdotas, recuerdos de cuando todo era más lento, más táctil, más humano, pero se da cuenta de que sus palabras parecen pertenecer a un tiempo que ya no les interesa. Has querido dejar muy patente el invisible muro del edadismo, pero no sólo en ellas, sino en la sociedad entera. ¿Qué nos puedes decir de ello para que nuestros lectores tengan una idea de lo que has querido dejar patente en tu obra?

A.I.: Es un tema que me toca muy de cerca porque yo he vivido una relación muy diferente con mis abuelos a la que observo hoy en muchos niños y adolescentes. Crecí sin móviles, sin redes sociales y sin internet ocupando cada momento de nuestro tiempo. Recuerdo pasar horas escuchando a mi abuela hablar de sus vivencias, sus canciones, sus recuerdos y su forma de ver la vida. Me fascinaba escucharla porque sentía que estaba aprendiendo de alguien que había recorrido un camino que yo todavía no conocía.

Hoy veo que tanto mi hijo como mis sobrinas están mucho más expuestos a las pantallas y a todo lo que ocurre en ellas. Muchas veces parece que lo que sucede en el móvil tiene más importancia que la conversación que está teniendo lugar delante de nosotros. Es algo que me entristece y que intento gestionar también en mi propia familia, aunque soy consciente de que todos formamos parte de esta realidad.

A través de Lorea y de la relación con sus nietas quería reflejar esa distancia que a veces se crea entre generaciones. No porque no exista amor, sino porque vivimos en una sociedad que presta más atención a la novedad que a la experiencia, más a lo inmediato que a la memoria.

Siempre me ha gustado una reflexión que comparte Jane Fonda: las personas mayores ya han llegado a un lugar al que los jóvenes todavía no han llegado. Nadie sabe si tendrá la suerte de alcanzar esa etapa de la vida. Por eso me cuesta entender que valoremos tan poco a quienes han recorrido más camino que nosotros. Para mí, las personas mayores representan sabiduría, experiencia, perspectiva y una enorme capacidad de resistencia. Han vivido épocas, cambios y dificultades que muchas veces ni siquiera imaginamos.

Con Notas de Vida quería reivindicar precisamente eso: que la edad no resta valor a una persona, sino que añade capas de experiencia, memoria y humanidad. Quería invitar al lector a detenerse, escuchar y mirar a las personas mayores con la admiración y el respeto que merecen.

J.M.: Lorea da mucha importancia a la amistad. Tiene dos amigas que se conocen desde la escuela y que son sus dos grandes amigas de toda la vida, son parte de ella y de las cuales nunca se aleja. Éstas son Izaskun y Josune, que son dos de las mujeres a las que rendirá homenaje con el concierto, claro está. ¿Crees que ese tipo de amistad entre mujeres es uno de los mayores apoyos que puede tener una mujer a lo largo de su vida, incluso más que una pareja?

A.I.: La amistad es algo que valoro muchísimo porque creo que nos ayuda a transitar la vida con más humor, más energía y más fortaleza. Hay conversaciones con amigas que pueden ser profundamente sanadoras, porque te permiten sentirte comprendida, acompañada y sostenida en momentos difíciles.

No creo que una amistad sea necesariamente más importante que una relación de pareja, ni al revés. Todo depende de las personas y de la calidad de los vínculos que construimos. Lo que sí creo es que las amistades son un pilar fundamental de nuestro bienestar emocional y que no deberían quedar relegadas cuando iniciamos una relación sentimental.

A veces depositamos demasiadas expectativas en la pareja y olvidamos que una vida plena también necesita otros afectos, otras complicidades y otros espacios propios. Las amistades nos recuerdan quiénes somos más allá de cualquier relación amorosa y nos acompañan en etapas muy distintas de nuestra vida.

Además, con el paso de los años he observado algo muy bonito: muchas mujeres vuelven a acercarse a sus amistades o fortalecen esos lazos. Ya sea por cambios vitales, separaciones, viudedad o simplemente porque disponen de más tiempo para ellas mismas, las amistades adquieren un valor enorme. Veo cómo esos vínculos les aportan alegría, compañía, sentido de pertenencia y ganas de seguir compartiendo experiencias.

Por eso era importante para mí que Lorea tuviera amigas como Izaskun y Josune. Son mucho más que compañeras de vida; forman parte de su historia, de sus recuerdos y de la persona en la que se ha convertido. A través de ellas también quería rendir homenaje a esas amistades que sobreviven al paso del tiempo y que, en muchos casos, se convierten en una de las formas más profundas y duraderas del amor.

También me parece importante romper la idea de que solo las amistades de toda la vida son valiosas. Las amistades que nos acompañan durante décadas tienen algo muy especial porque han sido testigos de nuestra evolución, pero creo que la vida también nos regala personas maravillosas en etapas más tardías.

A veces conocemos a alguien a los veinte años y otras veces a los cincuenta, a los sesenta o incluso más adelante, y eso no hace que el vínculo sea menos auténtico o profundo. Me gusta pensar que el corazón siempre tiene espacio para nuevas conexiones y que la amistad, igual que el amor, no entiende de edades. Algunas personas nos acompañan durante toda la vida y otras llegan más tarde para iluminarnos un tramo del camino, y ambas experiencias pueden ser igual de valiosas.

J.M.: Otras dos mujeres muy importantes en la vida de Lorea son sus hermanas. Ella es la menor de las tres. La mayor se llama Goizargi y la segunda, Bego, muy diferentes la una de la otra. ¿Crees que es una gran suerte vivir rodeada de personas de tu mismo sexo que te apoyen para un mejor crecimiento interior?

A.I.: Siempre me han llamado mucho la atención las mujeres que tienen hermanas y que, además de compartir lazos familiares, han construido una auténtica tribu entre ellas. He conocido casos así y siempre me ha gustado observar esos vínculos, la confianza, la complicidad y la manera en que se sostienen unas a otras. También es cierto que no todas las hermanas tienen esa conexión, pero como yo he sido la única chica entre tres hermanos, quizá siempre he mirado ese tipo de relación con una mezcla de admiración y curiosidad.

Me conmueven especialmente los vínculos entre mujeres cuando están basados en el apoyo mutuo y no en la competencia. Creo que hay una fuerza enorme cuando las mujeres se acompañan, se escuchan, se celebran y se cuidan entre sí. Por eso quise que Lorea, Goizargi y Bego representaran también esa posibilidad.

Una de las cosas que más me emocionan de la novela es ver cómo Goizargi y Lorea se vuelcan en Bego cuando la enfermedad de su marido empieza a deteriorarlo todo a su alrededor. No actúan desde la obligación, sino desde el amor, la presencia y el compromiso. Para mí, esa red de apoyo es una de las cosas más valiosas que podemos construir en la vida. Y no creo que esa red tenga que limitarse a las hermanas de sangre. También puede surgir entre amigas, compañeras o mujeres que se encuentran en distintos momentos del camino. Ojalá fuéramos capaces de fortalecer cada vez más esos espacios de cuidado, apoyo y solidaridad entre nosotras. Creo que cuando una mujer se siente sostenida por otras mujeres, todas salimos ganando.

J.M.: Cuando Lorea se divorcia siente una mezcla de vértigo y liberación. Es como si, por primera vez, se quedara frente a sí misma, sin el ruido de lo que se esperaba de ella. Por primera vez se permite ser dueña de su deseo. Es cuando conoce a Paula. Expresa Lorea que aprendió mucho con ella, como por ejemplo, que el deseo no es sólo físico, sino también una cuestión de energía, de presencia. También aprendió que la bisexualidad no es una etapa ni una indecisión, sino una forma completa de mirar el mundo. ¿Crees que aún hoy en día no ven la bisexualidad de esa forma?

A.I.: Creo que todavía existe mucho desconocimiento en torno a la bisexualidad. Aunque hemos avanzado en visibilidad, siguen existiendo ideas preconcebidas que reducen realidades muy complejas. Una de las más habituales es pensar que la bisexualidad es una fase de transición o una etapa de indecisión. Es cierto que algunas personas pueden pasar por distintos procesos de autoconocimiento antes de comprender su orientación, pero eso no significa que la bisexualidad sea un paso intermedio. Para muchas personas es una orientación completa, válida y estable.

También sigue existiendo el prejuicio de asociar la bisexualidad con la promiscuidad, cuando una cosa no tiene nada que ver con la otra. La orientación sexual habla de quién puede atraernos; la forma de vivir las relaciones depende de cada persona. Una persona bisexual puede ser monógama toda su vida, puede no tener pareja o puede relacionarse de muchas maneras distintas, exactamente igual que una persona heterosexual, homosexual o de cualquier otra orientación.

Además, creo que poco a poco estamos comprendiendo que la atracción humana es mucho más diversa y compleja de lo que durante años se nos hizo creer. Existen personas pansexuales, asexuales, demisexuales, grisexuales y muchas otras experiencias que nos recuerdan que el deseo no funciona igual para todo el mundo.

Por ejemplo, dentro de la asexualidad existe un amplio espectro. Hay personas que experimentan poca o ninguna atracción sexual, pero que pueden sentir atracción romántica, emocional o afectiva. Otras personas, como las demisexuales, solo experimentan atracción sexual cuando existe un vínculo emocional profundo. También hay quienes sienten atracción de forma muy ocasional o en circunstancias concretas. Por eso me parece importante entender que no todo es blanco o negro y que las experiencias humanas son mucho más diversas de lo que solemos imaginar.

Precisamente una de las cosas que aprende Lorea a través de Paula es que el deseo no siempre nace únicamente de lo físico. A veces surge de la conexión emocional, de la admiración, de la energía compartida, de sentirse vista y comprendida por otra persona. Y creo que esa es una reflexión que va más allá de la bisexualidad: nos invita a cuestionar ideas muy rígidas sobre cómo deben ser el amor, la atracción y las relaciones.

Todavía nos queda mucho por aprender y por escuchar, y yo soy la primera que sigue haciéndose preguntas y descubriendo realidades que desconocía. Creo que cuanto más conozcamos la diversidad de experiencias humanas, menos necesidad tendremos de encajar a las personas en categorías cerradas y más libres seremos para comprendernos unos a otros.

J.M.: Una de las parejas importantes para Lorea es Alicia, que expone que es curioso cómo ha vivido el amor, ya que ha tenido tantas parejas que parece que colecciona historias, pero no lo hace por frivolidad, lo hace con intensidad, con todo el corazón. Le gusta sentirse la primera en el corazón de alguien, experimentando esa sensación de enamorada, que no es fácil de sostener mucho tiempo. ¿Piensas que hay muchas mujeres a las cuales les pasa esto?

A.I.: Creo que el enamoramiento es una de las experiencias más intensas y fascinantes que podemos vivir, y probablemente a la mayoría de las personas nos gusta sentirlo. Nos hace sentir vivos, ilusionados, deseados y conectados con una parte muy emocional de nosotros mismos. Sin embargo, también es una etapa que, por naturaleza, suele transformarse con el tiempo. Sería muy difícil sostener permanentemente esa intensidad porque el enamoramiento tiene algo de extraordinario, de explosión emocional, y la vida cotidiana acaba dando paso a formas de amor más serenas y profundas.

Sí creo que existen personas, y no solo mujeres, que buscan una y otra vez esa sensación de novedad, de pasión y de sentirse especiales en la mirada del otro. No necesariamente por frivolidad, sino porque están muy conectadas con la emoción que produce el enamoramiento. Les atrae esa sensación de descubrir a alguien, de sentirse elegidas, admiradas y profundamente deseadas.

Pero también creo que muchas personas terminan comprendiendo que el amor no se reduce a esa fase inicial. Hay otro tipo de amor que se construye con el tiempo, con la confianza, la complicidad, el cuidado y el conocimiento mutuo. Un amor quizá menos vertiginoso, pero no por ello menos valioso.

En el caso de Alicia, me interesaba explorar precisamente esa búsqueda constante de intensidad emocional. Es una mujer que ama con todo el corazón y que se entrega profundamente a sus relaciones. No colecciona historias por superficialidad, sino porque persigue una sensación que considera muy valiosa. Sin embargo, la novela también plantea una pregunta interesante: ¿es el amor la intensidad del comienzo o aquello que permanece cuando esa intensidad se transforma?

Personalmente, creo que la mayoría de las mujeres siguen creyendo profundamente en el amor, pero no necesariamente en la necesidad de vivir eternamente instaladas en el enamoramiento. Muchas valoran cada vez más los vínculos donde existe respeto, libertad, admiración mutua y capacidad de crecimiento compartido.

J.M.: Para el concierto, Lorea escoge ocho piezas. La octava pieza le recuerda a Alicia en cada matiz: apasionada, generosa, entregada a todo lo que hace, pero siempre con sus propios límites, con una autonomía que respeta y defiende con la misma naturalidad con la que respira. Su manera de amar es igual de profunda, con una entrega total en el momento, deseo y plenitud compartida, pero también pausas, silencios y un respeto absoluto por los límites de los demás y de los propios. Para ello ha escogido una obra de Schubert. ¿Cómo se te ocurrió la idea de escoger una obra que encajara con lo que sentía Lorea por una determinada mujer? 

A.I.: La idea surgió de una forma bastante natural porque para mí la música siempre ha estado muy ligada a las emociones y a las personas. Hay obras que, cuando las escuchas, parecen retratar a alguien sin necesidad de palabras. Tienen una energía, un carácter y una forma de moverse que te recuerdan a una persona concreta.

En el caso de Alicia, Lorea escoge la Sinfonía Inacabada de Schubert porque ve reflejada en ella muchos de los matices de la relación que vivieron juntas. Cuando estuvieron juntas, Lorea se entregó por completo a esa historia y la vivió como algo pleno, intenso y verdadero. Sin embargo, Alicia siempre tuvo una relación diferente con el amor, más libre, más consciente de sus propios límites y de la necesidad de preservar su autonomía. De alguna manera, la obra de Schubert me permitía reflejar esa mezcla de intensidad, belleza, encuentros y pausas que caracterizó su relación.

Además, la propia Inacabada tiene algo muy especial. Hay momentos en los que te eleva, te llena de fuerza y emoción, y otros en los que parece retirarse para dejar espacio al silencio, a la reflexión y a aquello que no necesita ser dicho. Esa alternancia me recordaba mucho a Alicia: una mujer apasionada y generosa, pero también profundamente libre y fiel a sí misma.

También hay un componente muy personal en esa elección. Descubrí esta obra siendo muy pequeña y recuerdo perfectamente el impacto que me produjo. Sentí algo difícil de explicar con palabras: una mezcla de misterio, fascinación y belleza que me transportaba a lugares desconocidos. Había algo en esa melodía que me hacía imaginar bosques, caminos ocultos y mundos infinitos. Fue una de esas piezas que se quedaron a vivir dentro de mí.

De hecho, cada una de las piezas del concierto está conectada con una mujer no solo por su melodía, sino también por su simbolismo, su energía y, en algunos casos, incluso por el propio título de la obra. Me interesaba que la música dialogara con la personalidad de cada una de ellas. Por ejemplo, la Revolucionaria de Chopin encaja perfectamente con Margari por su fuerza, su valentía y su capacidad para desafiar lo establecido. Recuerdo escucharla por primera vez interpretada por mi profesora de piano y quedarme completamente fascinada por la energía y la intensidad que desprendía.

Para mí, la música tiene un poder extraordinario. Es capaz de comunicarnos con personas que no hablan nuestro idioma, de hacernos sentir emociones que creíamos dormidas y de llegar a lugares a los que las palabras no siempre alcanzan. Siempre he pensado que tiene la capacidad de amansar las fieras que llevamos dentro, de calmar nuestros miedos, nuestras heridas o nuestra rabia, pero también de despertar nuestra alegría, nuestra pasión y nuestra capacidad de soñar. La música nos conecta con algo muy profundo y muy humano, y por eso me parecía el lenguaje perfecto para que Lorea rindiera homenaje a las mujeres más importantes de su vida.

J.M.: Creo que ya hemos dado suficientes pinceladas a tu obra para que sepan nuestros lectores de qué va, y ninguna de las dos queremos que no haya intriga por leerla. Me gustaría, a ser posible, que nos dijeras si tienes en mente un proyecto del que nos puedas adelantar algo. 

A.I.: La verdad es que llevo más de un año escribiendo sin parar y, curiosamente, en este tiempo también he sentido la necesidad de volver a mis orígenes. Me apetecía reencontrarme con aquella adolescente que llenaba cuadernos de historias fantásticas, así que he recuperado algunas ideas que llevaban años guardadas en un cajón y les he dado una nueva vida desde la mirada y la experiencia que tengo hoy.

Fruto de ello ha nacido una novela que vuelve a acercarse a la fantasía, un género que siempre ha ocupado un lugar muy especial en mí. También he retomado un guion de animación que escribí hace tiempo y que he reescrito casi por completo, dándole nuevas capas y profundidad. Además, estoy trabajando en otra historia fantástica que, aunque incorpora elementos imaginarios, está muy conectada con cuestiones muy reales y humanas que invitan a la reflexión.

Aunque cambien los escenarios, las épocas o los géneros, hay algo que permanece en todo lo que escribo: la inquietud por comprender mejor al ser humano y por aportar una mirada que invite a la empatía, la conciencia y el crecimiento personal. No me interesa la fantasía como vía de evasión, sino como una herramienta para hablar de nosotros mismos desde otro lugar.

Vivimos tiempos complejos y a veces siento que el ruido, la polarización y el desánimo ocupan demasiado espacio. Desde la escritura intento aportar mi pequeña semilla para equilibrar esa balanza. No creo que la literatura pueda cambiar el mundo por sí sola, pero sí creo que puede abrir preguntas, despertar sensibilidades y encender pequeñas luces. Y, en los tiempos que corren, toda luz cuenta.

J.M.: Para terminar, ¿qué añadirías a la entrevista para redondearla que consideres importante?

Más que añadir respuestas, me surgen preguntas. Preguntas que también están presentes, de alguna manera, en el corazón de Notas de Vida.

¿Para cuándo más espacios donde la infancia y la vejez puedan encontrarse y aprender la una de la otra? ¿Para cuándo una educación que enseñe a valorar la experiencia, la memoria y la aportación de las personas mayores desde edades tempranas? ¿Para cuándo una sociedad que entienda que envejecer no es desaparecer, sino seguir transformándose?

También me pregunto cuándo daremos a disciplinas como la música, el bienestar emocional o la meditación el lugar que realmente merecen. A menudo se consideran complementarias, cuando para muchas personas son herramientas fundamentales para conocerse, expresarse, gestionar el sufrimiento y conectar con los demás.

Y me pregunto igualmente cuándo construiremos entornos digitales y redes sociales que no estén tan centrados en la obsesión por la juventud, la apariencia o la inmediatez, y que permitan mostrar una visión más amplia y diversa de lo que significa vivir.

En el fondo, Notas de Vida nace de todas esas preguntas. Es una novela que reivindica el valor de vivir plenamente cada etapa, de equivocarse, aprender, caer y volver a levantarse. Habla de las cicatrices, de los cambios, de los amores, de las pérdidas y de todo aquello que nos convierte en quienes somos.

Pero, sobre todo, es un homenaje a las personas mayores. A su experiencia, a su capacidad de resistencia y a todo lo que todavía tienen que enseñarnos. Creo que una sociedad que no escucha a sus mayores pierde una parte esencial de su memoria y de su sabiduría. Y quizá una de las grandes enseñanzas de la vida sea comprender que llegar a esa etapa no es un fracaso, sino un privilegio.

                                                                Juana María Fernández Llobera



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