‘Soñadores y Estrellas’ de Pepa Sarsa
El completo viaje de un texto teatral
Muchas anécdotas que lo hacen ameno e interesante
Una entrevista de Juana Ma. Fernández Llobera
Buenas tardes, Pepa.
Nos reunimos hoy para hablar de tu obra titulada ‘Soñadores y Estrellas’, que nos narra el viaje que realiza un texto teatral desde que se escribe hasta que termina su última representación, con anécdotas y curiosidades del mundo del espectáculo. A mí personalmente me ha resultado muy ameno e interesante.
J.M.: Antes de hablar de tu obra, me gustaría que nos contaras algunas cosas sobre ti, porque siempre se quiere saber quién está detrás de la obra que se lee. Eres una reconocida actriz nacida en Zaragoza, directora y escritora española. Muy conocida por el público por tu papel de Josefina en la serie de televisión ‘Cuéntame cómo pasó’, pero me gustaría que nos contaras un poco tu experiencia en el teatro, ya que has participado en más de cuarenta y cinco montajes trabajando con directores de la talla de José Luis Alonso, José Carlos Plaza o Miguel Narros, aparte de haber formado parte de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Has intervenido en multitud de obras como: ‘Hay que deshacer la casa’, ‘Antílopes’, ‘Victoria y Clara, las raíces cortadas’, ‘Suite’, ‘Zona catastrófica’, por citar unas pocas de las muchas que tienes en tu haber.
P.S.: Muchas gracias por convocarme en tu blog para hablar de Soñadores y Estrellas y sobre todo por amar el teatro. Se puede decir que, aunque no provengo de una familia de creadores, sí puedo afirmar que fui antes al cine que al colegio, que aprendí a soñar con imágenes en movimiento antes que a leer, que no es otra forma de enseñarnos a soñar. Ya desde niña me gustaba imitar a las profesoras, y más de una vez me libré de una clase por acudir a otra y representar alguna pequeña improvisación teatral. Como universitaria en Zaragoza frecuenté los ambientes teatrales alternativos y ya, con el que sería mi pareja durante cuarenta y dos años, Luis Maluenda recientemente fallecido, acudimos a la única escuela de teatro que entonces había en la capital zaragozana donde permanecimos dos años. Pero llegó un momento en el que hubo que elegir y decidimos estudiar, ya en serio, la carrera de Interpretación y Dirección Escénica en Londres. Fueron tres años intensos y estimulantes para los dos. A nuestra vuelta, 1980, nos instalamos en Madrid porque era allí donde se desenvolvía profesionalmente la actividad artística. No era como hoy en día que, afortunadamente, las producciones audiovisuales y teatrales se producen en las diferentes autonomías con una calidad extraordinaria.
J.M.: Eres autora y coautora de obras teatrales y has impartido talleres de escritura y dramaturgia teatral. ¿Podrías hablarnos un poco sobre tus obras teatrales y sobre tu experiencia en los talleres?
P.S-: Soy autora, traductora de textos teatrales, así como productora escénica. He dado clases de Verso, Voz e Interpretación en algunas universidades e Institutos teatrales pero respecto a los talleres de escritura post dramática, he sido y soy alumna (creo que he participado en más de diez talleres con reconocidos autores y autoras, algunos de más de nueve meses). Me gusta mucho aprender y estar al día en las nuevas maneras de expresión artística, sobre todo en lo que respecta a la escritura escénica, que intento incorporar en mis textos.
Como mujer siempre me han preocupado los temas que como género nos afectan, y por eso la mayoría de mis textos los protagonizan mujeres que generalmente se desenvuelven en el mundo contemporáneo. A lo largo de mi escritura he observado que hay algunos asuntos que se repiten, con variaciones, como por ejemplo la búsqueda de la identidad, la maternidad y sus implicaciones, los roles que por tradición se nos han dictado, los abusos de todo tipo y, últimamente, las preguntas que, a una cierta edad, nos surgen. A pesar de tener mucho sentido del humor, mis textos se podrían encuadrar en dramas y, en ocasiones, con tintes de realidad mágica pues aparecen personajes ya fallecidos que se comunican con los vivos aportando aclaraciones a preguntas fundamentales aunque últimamente me inclino por la dramedia. Escribo para un público adulto y textos con pocos personajes y espacios escénicos, no en vano he sido también directora y productora.
J.M.: Has trabajado en cine y televisión. Tienes, de hecho, un extenso currículum. Has tenido ocasión de trabajar a las órdenes de directores muy conocidos, como por ejemplo Fernando Trueba y José Luis Garci. Títulos en cine como ‘Leviathan’, ‘La Hermana’, ‘El cazador furtivo’, ‘The Monk’, ‘El que decide’, ‘Flamenco’ y otros más, forman parte de tu trayectoria. ¿Qué papel te resultó más difícil de interpretar y de qué película?¿ Con cuál de los personajes te identificaste más?
P.S.: Quizá en mi primer trabajo protagónico porque era una película intimista Alcamir con una gran presencia de mi personaje y con poca experiencia por mi parte y, también, debo decir, por parte del resto del equipo. Pero aprendí mucho y fue llevado a festival de Valladolid donde tuvo una buena acogida.
También El cazador furtivo, que se rodaba en catalán, inglés y español me resultó complicado, pero junto a grandes actores como Tony Franciosa que facilitaban la conexión. Mi personaje Virginia era una mujer de la alta burguesía con un conflicto moral que me interesó desarrollar.
J.M.: En cuanto a televisión, mucha gente te conoce por haber trabajado en ‘Cuéntame cómo pasó ‘, ‘La que se avecina’, ‘Aquí no hay quien viva’, ‘Noche sensacional’, ‘Brigada central’ y muchas otras. ¿Con cuál de los papeles que has interpretado te sentías más cómoda?¿Qué papel te costó más interpretar y cuál fue la razón?
P.S.: Quizá Josefina es con el que me he sentido más cómoda porque ha tenido un desarrollo mayor al estar veintidós temporadas en la serie, con diferentes conflictos y diversos niveles de dificultad. Lo he disfrutado mucho.
J.M.: Vayamos ahora a tu obra ‘Soñadores y Estrellas’. ¿Cómo nació la idea de escribir sobre el viaje que realiza un texto teatral desde que se escribe hasta que termina su última representación?
P.S.: Nació de un encargo que en su día me hicieron para recaudar fondos para la construcción de la “Casa del Actor” un proyecto que nació de la profesión actoral para facilitar un espacio residencial a los actores/trices mayores sin posibilidades económicas como ya existen en otros países. El proyecto no se llevó a cabo, pero la Academia de las Artes Escénicas se mostró interesada en su publicación para los socios y esa fue una primera edición de hace ya bastantes años.
Constaté en mis clases de Interpretación que los integrantes del mundo escénico actual, especialmente los actores/trices jóvenes, desconocen en buena medida los usos, protocolos y formas de hacer que durante siglos han existido en el teatro. Así mismo he querido reivindicar una profesión que, en muchos casos solamente es apreciada por su carácter superficial.
Ahora es la editorial Éride, con la que ya publiqué un texto teatral, “Rapitán o El árbol de los deseos” la que ha querido reeditar “Soñadores y Estrellas” con un nuevo prólogo del conocido actor Miguel Rellán.
J.M.: Tu libro es un compendio de anécdotas, opiniones, algo de historia y aspectos no muy conocidos del mundo del espectáculo, especialmente del Teatro, contados por sus propios protagonistas, algunos contemporáneos y conocidos por el público de hoy, pero también otros que forman parte de la memoria colectiva. Supongo que tu amplia experiencia en varios medios te ha ayudado mucho en poder hablar sobre ello. A mí me ha parecido genial que hayas realizado dicho libro. De hecho, he aprendido muchas cosas que desconocía y me interesan mucho porque amo el Teatro y escribo obras. ¿Qué dos cosas destacarías de tu obra por encima de las demás?
P.S.: Creo firmemente que debemos saber de dónde venimos, especialmente cuando se trata de una actividad vocacional como es la escénica. Ser conscientes que somos un eslabón de una cadena que se extiende a través de los tiempos y que seguirá haciéndolo en el futuro, porque el teatro trata de la vida, del ser humano y sus sueños. A través de sus textos podemos encontrar consuelo y refugio en épocas duras como es la actual, pero también la energía necesaria para plantear dilemas y su resolución.
J.M.: Comienzas hablando de ‘Autores’. Tras una anécdota que me ha encantado que pongas al principio del capítulo, que da lugar a que expreses que la consideración social del autor de teatro no es, en general, muy alta, nos expones que, en la larga cadena teatral, el dramaturgo es el origen, la persona que inicia el camino que seguirá un texto dramático hasta ser representado, si tiene suerte. ¿Crees, sin embargo, que a pesar de ser el creador de la obra es el menos conocido?
P.S.: Sí, así es, salvo honrosas excepciones y a pesar de que, al menos en Madrid, ha habido un gran incremento del número de espectadores que asisten a las salas. También creo que puede tener que ver con la época en la que vivimos. Hoy día hay una mayor competitividad a la hora de elegir nuestro ocio; es decir, tenemos plataformas y canales en internet que abarcan una temática variada, películas, etc. mientras que hasta finales del siglo pasado la producción teatral era mayor y recorrían las ciudades y pueblos con más frecuencia. Entonces había lo que se conocía como giras de larga duración mientras que ahora existen los bolos, que son actuaciones que se desarrollan en el tiempo de manera entrecortada, uno o dos días en un mismo lugar, como mucho una semana. De ahí que los autores/as no sean muy conocidos, salvo, de nuevo excepciones, porque sus trabajos apenas tienen difusión. Quizá solo los aficionados al teatro puedan mencionar más de seis dramaturgo/as actuales cuando antes no sucedía eso. La tv también ayudaba con sus programas dramáticos.
J.M.: El siguiente capítulo cuyo título es ‘Textos’, se abre expresando que ‘Las obras que salen de las manos de un escritor suelen ser representativas de su mundo, sus preocupaciones, de sus aspiraciones o ensoñaciones más ocultas’. Hablas en dicho capítulo de las acotaciones en los textos. ¿Son para ti importantes dichas acotaciones y cuáles son las razones?
P.S.: Las acotaciones o didascalias, que también son conocidas con ese término, indican la manera en la que el autor concibe diferentes aspectos de la puesta en escena de su texto. Hay algunos dramaturgo/as que son muy estrictos a la hora de seguir sus indicaciones, en cambio otros no los son, al igual que hay autores/as que no permiten que sus textos sean montados por otras personas que no sean ellos mismos. Actualmente se considera que la labor de dirección escénica aporta una visión distinta y/o enriquecedora del material a montar. Ya no se considera la dirección escénica como una mera dirección de tráfico de actores sobre el escenario, sino que el director/a es también un ser creativo que aporta su visión.
J.M.: El siguiente capítulo es el dedicado al ‘Reparto’. Hablas de que ‘cuando por fin el autor ha conseguido que una empresa privada u organismo estatal se decida a producir su obra se pone en marcha parte de la maquinaria teatral. Una sección importante es elegir a los actores y el resto del equipo que tomará parte del proyecto’. Cuentas que es una tarea complicada y expones muy bien cómo se realiza. ¿Qué es lo que consideras más complicado para conseguir un buen reparto de todo lo que mencionas en tu obra?
P.S.: Desafortunadamente, el teatro es también un negocio y debe dar beneficios o al menos no pérdidas para que la compañía pueda mantenerse durante un periodo de tiempo. Y en ocasiones la taquilla o ingresos por entradas, depende del reparto que se incluya en el montaje. Es creencia general que si hay una cabecera de cartel, es decir, alguna persona conocida o popular que interprete a un protagonista, pueda atraer un mayor número de espectadores posible. No siempre eso funciona como se espera, y por otro lado, hay producciones que, sin tener una cabecera conocida, su calidad escénica es alta, de manera que la publicidad oral, el boca a boca, contribuye al éxito teatral. Como se dice en el mundo del espectáculo si el teatro fuera algo seguro, ya lo harían los bancos.
J.M.: Hablas de que está claro que la vestimenta juega un papel importante a la hora de conseguir que te den un personaje concreto, pero si quieres lograr el beneplácito de la primera actriz, hay que ir más discreta, con tacón bajo, si eres de su altura, para que no haya posibilidad de hacerle sombra. Pones de ejemplo una anécdota de la actriz Helda Hopper. ¿En qué medio lo has visto más?
P.S.: He estado en pocos espectáculos desde el comienzo de la producción, quiero decir, que no he visto las pruebas que se puedan hacer previamente a seleccionar el reparto definitivo. Pero sí me ha pasado en alguna ocasión, en teatro, no ser elegida después de una buena prueba, por ser más alta que la protagonista o no lo suficiente gruesa y, por el contrario, conseguir un papel en el cine al ir vestida del personaje para que el director, en este caso, viera de entrada lo que quería sin esfuerzos imaginativos.
J.M.: El siguiente capítulo trata de las ‘Lecturas’. Comienzas distinguiendo entre las lecturas dramatizadas de obras de teatro abiertas al público y cuyo fin es difundir un trabajo o un actor y las lecturas hechas por una compañía teatral y previas a la puesta de escena de dicha obra. ¿Crees que las lecturas dramatizadas son ahora la única vía que tienen la mayoría de los dramaturgos para darse a conocer?
P.S.: Acabo de llegar de Sevilla de dirigir una lectura dramatizada, en realidad, ha sido un semimontado, es decir con papel en mano, pero con movimientos, acciones, vestuario, etc. Y sí, creo que es la única manera actualmente. La AAT (Asociación de Autores y Autoras de Teatro) realiza lecturas de nuevos textos durante la feria del libro, la SGAE también suele hacerlo, etc. y pequeños círculos, como librerías o salas alternativas, también organizan lecturas de textos dramáticos, porque como dice el nuevo lema teatral “El teatro también se lee”.
J.M.: Una vez hecho el reparto, el cómico tiene que comenzar a preparar y estudiar su papel y, por supuesto, la obra en su conjunto. Nos hablas en el capítulo titulado ‘Estudiar el texto’, de que trabajar un personaje no sólo consiste en memorizar las palabras que el autor ha escrito, sino que hay varias formas de aproximarse a él. Construir o imaginar su mundo, saber qué le impulsa a obrar de una determinada manera, conocer sus objetivos, analizarlos, etc. ¿Qué obra te costó más preparar? ¿Qué personaje ha sido el que más tiempo y esfuerzo te ha llevado?
P.S.: Quizá el personaje de Victoria Kent en la obra Las Raíces Cortadas de Jerónimo López Mozo por ser un personaje político y controvertido que demandó mucha investigación por mi parte y con la inclusión de escenas en las que arengaba en el Parlamento al resto de fuerzas políticas. Fue una obra que produje junto a mi pareja que era el director Luis Maluenda y en la que interpreté a esa gran mujer. El otro personaje, por supuesto, fue Clara Campoamor.
J.M.: El siguiente capítulo es el dedicado a ‘Ensayos’. Narras que en la actualidad el ensayo de una obra viene a durar aproximadamente de mes y medio a dos meses, unas cuatro o cinco horas diarias, a veces más. También expresas que hay producciones que le dedican menos tiempo. ¿Cuál ha sido el ensayo más largo en el que has participado?
P.S.: En la Compañía de Teatro Clásico, a la que pertenecí, se ensayaba unas seis o siete horas. También en otra, esta privada, estaba siete horas con ligeros descansos. Todo depende del personaje que hagas y las intervenciones que tengas en el texto y el presupuesto que haya para abonar los ensayos. A veces hay compañías pequeñas que ensayan durante meses, pero porque sus integrantes participan en otros espectáculos o tienen además otros trabajos y los ensayos se prolongan ajustándose a las agendas de sus intervinientes ya que no tienen un compromiso de fechas.
J.M.: Llega el capítulo, justo después, dedicado a ‘Directores’. Nos narras que la figura del director es muy reconocida en nuestra época. El público acude a ver espectáculos dirigidos por, no sólo a ver a sobre el escenario. ¿Te has encontrado alguna vez que un director haya logrado realzar mucho una obra no demasiado buena?
P.S.: Sí, claro y también intérpretes que mejoran una mala dirección. Se decía que un director o actor/triz eran buenos cuando podían dirigir o interpretar con sentido la Guía Telefónica, que, por cierto, ahora ya no existe. No sé si alguien lo intentó. Pero por supuesto, hay y ha habido grandes directores/as que su nombre asegura un buen trabajo escénico y que, por lo tanto, sus montajes permanecen en cartel durante una larga temporada.
J.M.: En la parte dedicada al ‘Vestuario’, dices que una de las muchas decisiones que el director debe tomar es el vestuario que los personajes llevarán a lo largo de la obra de teatro, película o serie de tv. También nos cuentas que el diseñador suele presentarle figurines sobre ideas ya discutidas con anterioridad. ¿Suele durar mucho esta fase? ¿Suele haber problemas a la hora de elegir el vestuario?
P.S.: Todo depende de si el vestuario es alquilado o se diseña y cose para el actor/triz en cuestión. En este último caso se suele ajustar más a las preferencias del diseñador que previamente habrá presentado varias opciones al director quien es el que dice la última palabra, sobre todo si es una obra de época. Digamos que con las actrices/actores estrellas o cabeza de cartel se les suele dar más libertad a la hora de ajustes o predilecciones por parte del cómico/a. Porque pueden existir, con razón o sin ella, imperfecciones/complejos que desean ocultar o que, si se percibieran, debilitarían la concepción estética del personaje. Cuando es contemporáneo el vestuario se elige de manera más rápida y, en ocasiones, bajo el patrocinio del diseñador que se elige.
J.M.: Llega el momento, justo después, de hablar del ‘Maquillaje y Peluquería’. Me encanta que durante todo el libro cuentas anécdotas, porque lo hace mucho más ameno. Como cuando explicas que, hablando de Glark Gable, existe una anécdota que ocurrió en Madrid en el estreno de ‘Un marido ideal’ de Oscar Wilde en el Teatro Alcázar. ¿Cómo se te ocurrió la idea de poner tantas anécdotas? ¿Crees que así la gente se acuerda más? Y hablando de ‘Maquillaje y Peluquería’, ¿cuál ha sido el maquillaje o el peinado que más tiempo han tardado en hacer referente a un personaje que hayas interpretado y cuál ha sido la razón de ello?
P.S.: Respecto a cómo nació la idea de incluir las anécdotas, creo que ya te lo he explicado en la cuarta o quinta pregunta que me haces al principio de esta entrevista respecto a la Casa del Actor. Y sí, creo, que con esas pequeñas “píldoras” de humor, se agiliza y aligera la lectura de un ensayo, como puede ser este; sin olvidar que las anécdotas, por ser verdaderas, expresan en la mayoría de los casos situaciones o formas de hacer teatrales que nos sitúan en el período en el que ocurrieron de una manera gráfica y expresiva.
J.M.: Hay mucho más en tu libro, porque hablas de ‘Utilería’, de ‘Publicidad’, de los ‘Estrenos’, de los ‘Críticos’, de la ‘Representación’, del ‘Público’, de los ‘Actores’, de los ‘Errores del principiante’, ‘De la misma materia que los sueños’, etc. Todas muy interesantes. Hay, sin embargo, una parte que creo que será de mucho interés, que es cuando hablas de familias de actores. ¿Con qué familias de actores has coincidido o con alguno de sus miembros?
P.S.: Afortunadamente con algunas de ellas, pero sobre todo con la familia Larrañaga/ Ladrón de Guevara y sus familiares: He trabajado con Amparo Rivelles, hija como se dice en mi libro, de Rafael Rivelles, uno de los más prestigiosos actores de su época, y Mª Fernanda Ladrón de Guevara; con Mª Luisa Merlo, esposa de Carlos Larrañaga, hijo del segundo esposo de Mª Fernanda, Pedro Larrañaga. Con Luis Merlo, hijo Carlos Larrañaga y Mª Luisa Merlo, a su vez hija de Ismael Merlo, gran actor. Colaboré y fui amiga de Ana Diosdado, segunda esposa de Carlos Larrañaga y a su vez hija de dos actores muy conocidos también, Enrique Diosdado e Isabel Gisbert; también con Francisco Píquer primo de Mª Luisa Merlo. Con Alberto Closas que, aunque no fue hijo de actores, se inició en las tablas con Margarita Xirgu y cuyo hijo, Alberto Closas, sigue la estela de su padre. Con Alejandra Torray hija del famoso director de teatro Juan Gerrero Zamora y Nuria Torray; con María Isbert hija del actor José Isbert y madre de varios actores con los que trabajé en cine. Con José Luis Escolar, ayudante de dirección en una película, hijo de Irene Gutiérrez Caba y padre de la joven actriz Irene Escorlar, etc. etc. Seguramente ha habido más que ahora no recuerdo.
Pero, por supuesto, hay más familias, que aunque no hayamos coincidido en las tablas, conocí o frecuenté en algún momento.
J.M.: Para finalizar el libro, hablas de ‘Breves apuntes sobre teatros y cines’. Hablas por ejemplo, de que el ‘Teatro del Recreo’, situado en la calle de la Flor Baja, fue donde por primera vez en Madrid se representaron funciones por piezas o por horas, obras cortas que se ponían por sí solas con la consiguiente renovación del público y el aumento de taquilla. De todos los teatros o cines, ¿qué historia te ha impresionado más?
P.S.: Quizá, la historia del teatro Lara que todavía sigue en pie y poniendo sobre sus tablas unas muy variadas programaciones, pero que fue abierto en el siglo XIX por un carnicero, Cándido Lara, y ha atravesado diversas situaciones conflictivas respecto a su propiedad. No obstante, la apertura de un teatro, incluso hoy en día, como pueda ser una sala alternativa, es decir un espacio con poco aforo, me merece mucho respeto y admiración. Pienso que todos los que se atreven a ello y mantienen ese lugar contra viento y marea, son unos Soñadores valientes e imprescindibles en nuestro panorama cultural.
J.M.: Creo que con todo lo que hemos mostrado, nuestros lectores pueden tener una idea clara de tu obra y es mejor no desvelar más para no romper la magia de leerla. Me gustaría, sin embargo, que nos digas, a ser posible, si estás embarcada en algún proyecto o si tienes algo en mente.
P.S.: Sí, estoy ultimando la escritura de un nuevo texto teatral, el último que la editorial Éride me publicó, fue “Rapitán o El árbol de los deseos” de ambiente rural y basado en hechos reales, se puede encontrar en La casa del Libro, Amazón, etc. También estoy con un proyecto de inmersión cultural internacional que, aunque todavía en ciernes, parece muy prometedor. Veremos si llega a buen puerto. Si es así, te lo contaré si quieres.
J.M.: Para terminar la entrevista, ¿qué añadirías que consideres importante?
P.S.: Darte las gracias por este espacio que dedicas a la cultura, especialmente a la escena que, como dramaturga, sabes que no disfruta de una gran difusión. Desde la AAT (Asociación de Autores y Autoras de Teatro) hemos reivindicado que entre los cincuenta libros de ficción que en los últimos cincuenta años se han escrito y difundido la prensa, ninguno ha pertenecido a la literatura dramática. De ahí que el lema El teatro también se lee reivindique el valor literario del texto. Y también muchas gracias por interesarte por mi libro Soñadores y Estrellas e incluirlo en tu blog.
Juana María Fernández Llobera
Fotos - comentarios de Pepa: las obras a las que corresponden las fotos: las de época con Alberto Closas y la general con Amparo Rovelles es de "Rosas de Otoño" de Benavente. Yo de rodillas, es de una temporada de "Cuéntame cómo pasó” v la siguiente con Mª Luisa Merlo de espaldas y yo con pelo moreno es de "Ocho mujeres” y con Gemmna Cuervo es de "Hay motín compañeras" de Alberto Miralles.






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