"EL PARTO" - LIBRO DE MARINA GARCÍA RIQUELME


‘El parto’ de Marina García Riquelme

Un bello homenaje a su Madre

Un libro que puede ayudar mucho ante una importante pérdida

Una entrevista de Juana Ma. Fernández Llobera

Buenas tardes, Marina.

Nos reunimos para hablar de tu obra ‘El parto’, que es tu primer libro. Narras en él la dura experiencia que es perder a una madre. Creo que es un libro que puede ayudar mucho a personas que están pasando por ello. Hay algo que me gusta mucho de tu libro, aparte de que hablas de la familia, y es el hecho de que carece de paja. Es directo, claro y con una emotividad pura.

J.M.: Antes de hablar de tu libro, me gustaría que nos hablaras de ti, para un primer acercamiento a nuestros lectores. Nos podrías contar dónde naciste, en dónde resides actualmente, qué te llevó a ser periodista, en qué medio te mueves mejor dentro del mundo periodístico, cuándo sentiste la necesidad de escribir y todo lo que consideres importante para ese acercamiento.

M.G.R.:  Muchas gracias, Juana. Nací y vivo en Madrid y desde que aprendí a escribir me recuerdo escribiendo: conservo incluso algunos cuentos de mis primeros años en el cole. Nunca he dejado de escribir y tuve la suerte de poder convertir mi vocación de periodista en mi profesión así que me he ganado la vida también escribiendo: la primera mitad de mi carrera la desarrollé en Sogecable, donde estuve doce años y desde 2013 me dedico a la comunicación corporativa en una empresa del IBEX. En el periodismo lo que más me ha gustado siempre ha sido la televisión porque me ha dado la oportunidad de combinar la escritura de guiones con las entrevistas, un género que me encanta. Y en mi actual faceta tengo la suerte de aplicar mucho de ese conocimiento a este otro lado de la comunicación y he podido viajar mucho y trabajar en otros países, otra de las facetas de este trabajo que más me gustan. Siempre digo que el periodismo es la profesión más bonita del mundo y me siento muy afortunada de haber podido disfrutarla tanto. He tenido mucha suerte. 

J.M.: Entremos ya en tu obra. ¿Cómo nació la idea de contar lo que sentiste desde que tu madre se pone enferma hasta que fallece y lo que pasa después de ese doloroso momento? ¿Es un homenaje a ella en mucha medida? 

M.G.R.: Como te decía antes yo he escrito siempre. Ficción y no ficción. Escribir es una parte de mi día a día. Cuando murió mi madre empecé a escribir fragmentos como los que aparecen en el libro de una forma muy natural. Y de esa misma manera dejé de escribir más o menos al año de su muerte. Meses después volví a los textos y pensé que podían tener sentido como historia. Y así nació El Parto.

J.M.: Encuentro bellísimo cómo ensalzas el amor que tu padre tiene a tu madre.  Esos detalles en los que se nota el verdadero cariño. ¿Te conmovía ver que aunque sufría porque veía a su esposa enferma era capaz de dar lo mejor de él para cuidarla?

M.G.R.:  Se querían mucho. El papel de cuidador es durísimo y sólo el que lo ha pasado sabe lo que es: mi padre fue muy generoso durante la enfermedad de mi madre y se hizo cargo de todo lo que estaba en su mano. Y creo que a día de hoy es lo que más le reconforta, saber que cuidó de ella hasta el último momento. Lo que siempre comento e intentado trasladar al libro es que yo sabía el tipo de hombre que es mi padre pero que ante una situación así podría haber optado por abordarla de otra manera y nadie hubiera podido juzgarlo tampoco. Y lo que a mí me ha quedado de toda esa etapa tan dura es ver cómo tanto él como ella sacaron lo mejor de cada uno, con sus momentos mejores y peores, por supuesto. Pero lo que quedó al final es el amor. Y verlo y vivirlo con ellos fue algo que me va a acompañar siempre.

J.M.: Hablas en tu libro mucho de tu hijo Bruno. Hay un momento en que tu hijo te muestra sus sentimientos en relación a su abuela. ¿Es uno de los momentos que quizás te haya unido aún más a tu hijo?

M.G.R.:  Bruno tenía seis años cuando mi madre cayó enferma y nueve cuando empezó la peor parte de la enfermedad, era muy pequeño pero a la vez, como espero que refleje el libro, mostró una madurez increíble sobre todo durante los dos últimos años de mi madre. Mis padres han tenido la suerte de disfrutarle mucho de pequeño y para él tuvo que ser muy duro tanto el proceso final como lo que vino después de la muerte de mi madre: pasó de que sus abuelos fueran a buscarle al cole y a jugar con él a ver cómo el deterioro de su abuela se iba acelerando. Y oscilaba entre el amor que les tenía y lo mal que lo pasaba cuando iba a verles. Durante mucho tiempo pensé que más que unirnos nos había separado porque, como se ve en el libro, después de la muerte de mi madre sentí que le había perdido un poco. Pero una vez que pudo expresar su propio duelo recuperamos enseguida el vínculo que hemos tenido siempre y a día de hoy no puedo estar más orgullosa de él y de la persona en la que se está convirtiendo. 

J.M.: Un apoyo grande para ti fue tu cónyuge, Miguel. ¿Crees que tuvo miedo en algún momento de que cambiaran las cosas entre vosotros tras el fallecimiento de tu madre?

M.G.R.: Habría que preguntarle a él pero creo que también se refleja en el libro: aparte de nosotros como pareja lo que vi en Miguel fue también su propio duelo, porque tenía una relación muy especial con mi madre y también fue durísimo para él verla pasar por una enfermedad tan dura. Lo que sí puedo decir es que, como en el resto de etapas de mi vida, Miguel fue y es un pilar fundamental: he tenido también la suerte de encontrar a alguien con quien los malos momentos se superan y los buenos se disfrutan y eso es sin duda uno de los grandes regalos que me ha dado la vida. Mi vida no sería la misma sin él. 

J.M.: Me llamó mucho la atención el capítulo que denominas ‘Las plumas’. Me gusta cuando encuentro personas que hablan de las señales que existen tras la muerte de un ser querido. ¿Habías tenido señales antes con alguna otra persona aunque no fuera tan cercana?¿Por qué decidiste hablar de ello?

M.G.R.:  Como con el resto de fragmentos que componen el libro no fue una decisión como tal, fue algo muy concreto que me llamó la atención nada más volver del tanatorio y que luego me ha acompañado mucho, sobre todo los primeros meses después de morir mi madre. Creo que más allá de que sean o no señales, ahí cada uno tendrá su propia interpretación, son destellos que nos acompañan en determinados momentos y a los que les damos un significado muy especial por la historia compartida que tenemos con alguien en concreto. No sé si te he respondido pero sí te diré que tengo una caja en mi cabecero lleno de pequeñas plumas que me sigo encontrando. 

J.M.: Narras en tu libro que hiciste una especie de altar con fotos de tu madre en el que ponías velas. Es algo que yo hice por primera vez al morir mi pareja, luego también con mis padres. ¿Crees que el crear el altar ayuda mucho en el duelo?

M.G.R.: Siento muchísimo lo de tu pareja y lo de tus padres. En mi caso me recomendó hacerlo un fisioterapeuta al que iba en esa época, que fue también el que me dijo que, efectivamente y tal y como yo lo sentía en el momento, el duelo tiene un impacto físico que es muy evidente sobre todo los primeros meses. Recuerdo que le hablé de cómo el llanto me sorprendía cuando menos lo esperaba y me dijo que dedicar un momento concreto al día a recordar a la persona que se ha ido ayudaba mucho: compartió conmigo que él había hecho algo similar cuando murió su madre y la verdad es que a mí me ayudó mucho en los primeros meses. 

J.M.: Me ha resultado muy emotivo el hecho de que tu padre y tú hicierais los itinerarios que él hacía con tu madre. Es una bonita forma de honrar la vida de esa persona y de que siga viva dentro de nosotros de una forma profunda. ¿Qué es lo que más le gustaba hacer a tu madre?

M.G.R.: Mi madre era una lectora empedernida. Siempre la recuerdo leyendo. De hecho, si alguna vez le decía de pequeña que me aburría me decía “ponte a leer”. Y eso hacía. Era una mujer profundamente inteligente y muy independiente y le encantaba, además de leer, el cine, viajar, pasear por el centro de Madrid, conducir, estar con sus nietos... Tenía una memoria increíble y os dejó aquí una anécdota que creo que lo resume bien: visitamos la casa de Dalí en Port Lligat y una de las paredes está forrada con fotos de artistas de la época dorada de Hollywood. Mi madre empezó a decirnos quiénes eran los que menos nos sonaban y la vigilante de la sala se acercó porque había una que nunca habían sabido quién era ni ella ni sus compañeros en todos los años que llevaba trabajando allí. Le preguntó a mi madre y le dijo que era Rhonda Fleming. Fue un momento que siempre he recordado porque creo que la define muy bien.

J.M.: Hablas del cumpleaños de ella. ¿Es uno de los momentos muy duros cuando llega la fecha? Pienso que, la forma en que narras todo ello, va a ayudar a muchas personas cuando lean tu obra.

M.G.R.: Es curioso porque para mí las fechas nunca han sido especialmente importantes y durante el duelo, sobre todo el primer año, se me hicieron muy cuesta arriba. Es algo que he hablado mucho con gente que ha pasado por lo mismo y todos coincidimos: supongo que es difícil enfrentarse a las primeras veces en las que no está una de las personas a las que más quieres. Los primeros cumpleaños, las primeras navidades, hasta días más comerciales como el día de la madre pasan a ser muy dolorosos porque hacen evidente que ya no está la persona con la que siempre hablabas esos días. La primera en felicitarte en algunos casos y la primera a la que llamabas en otros. No dejan de ser números en un calendario pero se llenan de significado.

J.M.: Creo que con las pinceladas que hemos dado de tu obra, ya pueden hacerse una idea de cómo es. Me gustaría, sin embargo, que nos hablaras de si tienes en mente o iniciado algún proyecto literario del que nos puedas decir algo.

M.G.R.: Quienes me conocen saben que soy muy reservada a la hora de contar proyectos: mucha gente de hecho se ha sorprendido al saber que publicaba, muchos no sabían ni que escribía. Me pasa también con otras cosas como ofertas de trabajo o cambios importantes: hasta que no lo tengo todo cerrado no suelo decir nada, creo que me viene también de mi madre. En cualquier caso sí te puedo decir que, como te comentaba antes, siempre he escrito. Sigo escribiendo y seguiré haciéndolo, publique o no. Eso sí: la respuesta de los que han leído el libro me está dando tantas alegrías que me encantaría ser capaz de escribir de nuevo algo con lo que la gente se pueda sentir identificada. 

J.M.: Par terminar, ¿qué añadirías a esta entrevista su consideres importante en relación a tu obra?

M.G.R.: Poco más, muchísimas gracias por la entrevista. Como te decía he escrito siempre y seguiré haciéndolo y lo que más me está emocionando es la ola de cariño que me está llegando con el libro. Ojalá lo lea mucha más gente y podamos seguir hablando en el futuro. 

Podéis seguirla en Instagram:  @marinagriquelme

                                                                          Juana María Fernández Llobera


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