"LOS GRUÑIDOS DE ANDREA" - CUENTO DE JUANA MA. FERNÁNDEZ LLOBERA


Los Gruñidos de Andrea

En una ciudad costera vive Andrea con su madre, que se llama Ana y su padre, cuyo nombre es Tomás. Andrea tiene una hermana más pequeña, Julia, que siempre mira lo que su hermana mayor hace. Desde que Andrea era muy pequeña le gusta ayudar a los demás, pero mucha gente se queja de que se cree que lo hace mejor que nadie, lo que hace que critique todo lo que hacen los demás, lo cual, junto a sus gruñidos constantes ante cualquier cosa que ella considera que están mal, hace que la gente llegue a no querer estar a su lado.

Un día muy soleado, llegó al barrio de Andrea una joven llamada Carla, que era tres años mayor que ella. Carla había acabado de cumplir los quince años. Como Carla iba a vivir justo enfrente del piso de Andrea, una tarde fue con su madre a presentarse a casa de ella. Enseguida Andrea les dijo de ayudarlas a colocar cosas y aunque al principio le dijeron que no hacía falta, al final, ante la insistencia de Andrea, aceptaron.

Al día siguiente de la presentación de sus vecinas, Andrea tocó el timbre de ellas para poder ayudarlas. Comenzaron las tres a abrir cajas para ir colocando las cosas. Al cabo de unas cuantas horas, Andrea comenzó a gruñir.

—Grrrrrr.Grrrrrr. No ves que no puede ir así, Carla. No lo estás haciendo bien. No puedes colocar las cosas así en tu armario porque es un caos.

Andrea, es mi cuarto y yo lo pongo como a mí me gusta. Tú el tuyo ponlo como quieras.

Andrea siguió gruñiendo pero Carla no le hacía ningún caso. Se dio cuenta de que Andrea tenía un verdadero problema creyéndose mejor que los demás haciendo las cosas, así que decidió ayudarla con un poco de magia.

Al caer la noche, hicieron chocolate y la madre de Carla había hecho un rico bizcocho para mojar en él. Después de eso, Andrea y Carla se fueron a la habitación de Carla y fue allí cuando convocó a la bruja Golinda, para que con su magia curará la obsesión de Andrea y dejará de gruñir a todo el mundo.

Tardó más de una hora en aparecer Golinda, mientras las jóvenes jugaban a un juego en el ordenador. Cuando llegó la bruja, Andrea se asustó mucho, pero Carla hizo que se calmara, aunque comenzó a gruñir un par de veces a Golinda que, al verlo, vio de qué se trataba. Entonces la bruja, tapándose con su manto verde, la llevó a su mundo, donde muchas aspirantes a bruja trabajaban en el poblado brujeril.

Aquí tendrás que permanecer trabajando con las otras aspirantes a bruja-le dijo Golinda a Andrea.

Pero si no quiero ser bruja-expresó Andrea.

—Tienes dones para serlo, solo que tienes que pulirte para ello. 

—Pero yo no quiero estar aquí. Yo quiero volver a mi casa.

—Cuando hayas aprendido lo que has venido aquí a aprender, volverás con tus padres.

Así fue como Andrea comenzó a trabajar en el poblado. Por su parte, Golinda, hizo que los padres de Andrea no se preocuparan por ella. Les hizo entender que tenía un problema que tenía que solventar ahora que aún era joven. Los padres, que habían sufrido mucho por ello, accedieron a que tuviera ayuda.

Cada vez que Andrea gruñía, un lunar rojo aparecía en su cuerpo. Al cabo de unas horas, tenía un montón de ellos. Cada vez que hacía cosas con alegría, sin gruñir, al ritmo de las otras, entre bromas, iban desapareciendo los lunares. Comenzó a ver que cada una de ellas era diferente y que hacían las cosas de forma distinta pero igualmente eficientes. Allí Andrea hizo amigas de verdad, riendo con ellas y compartiendo todo. Al cabo de un tiempo, al igual que muchas de ellas, en una ceremonia muy bella, fueron nombradas brujas, porque ser brujas no quiere decir nada más que sabias. Por fin Andrea había aprendido a respetar a los otros y entenderlos, con lo cual, se hizo muy amiga de Carla, siguió viendo a sus compañeras brujas, supo entonces que Carla era una de ellas, y sus padres fueron felices con ello.

 

                                                               Juana María Fernández Llobera



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