DEPORTE Y POBREZA - CRÓNICAS HIPATIA


 

CRÓNICAS HIPATIA

Texto: Dpto.  Investigación

Imagen: En la «Kid Zone» del Hospital Materno-Infantil Goyalmara, en Cox's Bazar (Bangladesh), Sejuti Chakma, miembro del equipo de salud mental comunitaria de MSF, y Shofika, voluntaria psicosocial comunitaria, juegan con los niños e intentan entretenerlos charlando con ellos. © Farah Tanjee/MSF

Fuentes:

(1)    MEDICOS SIN FRONTERAS, junio 2026, Barcelona. (comunica@com.msf.es)

(2)    NACIONES UNIDAS (https://www.un.org/es/observances/international-day-of-play)

(3)    LA RAZÓN (https://www.larazon.es/deportes/laotraliga/cuanto-costara-mundial-2026-que-ingresos-generara_202512056932d75e6e5e5012dcdba0f3.html), 05/12/2026: “¿Cuánto costará el Mundial 2026 y qué ingresos generará?”, Claudio Thoma (Efe)


DEPORTE Y POBREZA


                El comunicado último de MÉDICOS SIN FRONTERAS (1) señala que “jugar es una herramienta terapéutica […] para promover el bienestar emocional de niños y niñas”, igual que lo hacen la mayoría de los niños de los países industrializados (y supuestamente avanzados). Señalaba esta ONG que cada 11 de junio, desde que se aprobó en 2024 en la Asamblea General de la ONU (marzo de 2024), se celebra el Día Internacional del Juego. Según esta organización, el “juego ayuda a construir relaciones y mejora el control, la superación de traumas y la resolución de problemas” (2).

                Curiosamente, este 11 de junio de 2026 también trascendía por ser el día de la inauguración del Mundial de Fútbol 2026. El evento, según las fuentes (3), tendrá “un presupuesto de unos 3.756 millones de dólares Y una previsión de alrededor 13.000 millones de dólares en ingresos [los aficionados con 7.250 millones, la FIFA con 3.500 millones y los ayuntamientos 2.500; se incluyen aquí los ingresos indirectos de publicidad y propaganda]” (3).

                Mientras se detallan estas cifras, otras cantidades más delicadas, también traducidas en millones, son indicadas por MSF (1): “[…] mientras el mundo habla de fútbol, millones de niños y niñas que han tenido que abandonar sus hogares a causa de la guerra, la violencia o las crisis humanitarias siguen intentando recuperar algo que nunca deberían haber perdido: su infancia.” (1).

                Para la organización de MSF (1), el juego “no sólo reduce su sufrimiento, sino que acelera su recuperación”. Estos niños, alejados de cualquier consuelo, que viven en hospitales, en paupérrimas residencias, en lúgubres campamentos, intentan sobrevivir a la estridencia de la violencia, de los conflictos bélicos, de la pobreza, de las injusticias sociales. Para ellos, jugar al fútbol no supone la necesidad de unas botas determinas, un balón determinado, una camiseta determinada. Para ellos, practicar un deporte es jugar, puramente una acción lúdica, una actividad catártica con la que soportar sus traumas, sus tristezas, sus melancolías, sus zozobras.

                Por otra parte, mientras se producen estas miserias, otros juegan al mismo deporte con infinidad de exigencias: botas que pueden llegar hasta 280 euros (modelo Lamine Yamal), camisetas hasta 150 euros (modelo selección española), balones hasta 150 euros (Adidas-Fifa-2026), entradas hasta casi 8.000 euros (https://www.fifaworldcupnews.com/).

                Las exageradas diferencias en nuestro mundo llama la atención. Y, destaca también, la contradicción del propio gobierno estadounidense. Mientras éste crea una gran multinacional de unos treinta días de duración, también está creando, esto ya desde hace años, la misma miseria infantil de la cual arriba se hablaba.

                Para colaborar con MSF, puede visitar la siguiente página electrónica: https://www.msf.es/


centrointerculturalhipatia@gmail.com



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